Hay una costumbre aquí, por parte de los que
practican las religiones tradicionales, que es ciertamente deplorable. Consiste
en el rapto de chicas para hacerlas entrar en su religión y hacerlas portadoras
de un fetiche. Da igual si la chica quiere o no, es obligada y amenazada para
entrar, normalmente por algún familiar cercano. El resto, fruto de la
ignorancia, no hace nada por el miedo atroz que tienen a todas esas cosas. Esta
vez se equivocaron de cabo a rabo, pues raptaron a una chica bautizada y confirmada,
ya era de nuestra familia, y nosotros no tenemos miedo a los espíritus. Así que
fuimos a pedir que nos la devolvieran, pero su negativa fue fuerte, les
advertimos que probablemente iban contra ley, pero tampoco cedieron. El
delegado del pueblo era tío de la chica, pero tenía miedo de su hermana que era
una de las jefas de las fetichesas. Por nuestra parte nos organizamos para
hacer presión con la oración y los cantos, ¿dónde? Pues entorno a la choza
donde las encierran para hacer que las posean los fetiches. Nos insultaron,
provocaron y amenazaron incluso con un fusil, pero los jóvenes de la parroquia
no entraron en ese juego y siguieron cantado y rezando. ¿En qué consiste el
rito de iniciación? Las tienen encerradas durante unos cuantos días en una choza
sin ventilación, con unas velas como única iluminación y con brebajes
alucinógenos para beber. Si aun así la chica no entra en trance, entonces la
hacen cortes en la piel y por ahí también la meten drogas para que tiemble
fuertemente y puedan decir que el fetiche la ha poseído. Durante ese tiempo los
adeptos cantan, tocan las calabazas y no las dejan descansar. Entre el miedo
que tienen, el cansancio y las drogas, difícil resistirse a caer en trance y
dejarse poseer por el fetiche que diga la jefa. Luego viene la presentación en
sociedad con los diferentes ritos que ello conlleva, y esa persona acaba siendo
esclava de la religión durante toda su vida, excepto que acabe siendo jefa y
entonces le toca vivir de lujo. Tras varias reuniones con ellos donde nos
mentían, y hablar con la autoridad que nos dijo que era ilegal lo que habían
hecho, y que les iban a convocar a la gendarmería, sólo entonces prometieron
devolvernos a la chica. Así ha sido una semana después. Puedo asegurar que ver
a Cecile con todo el cuerpo lleno de cortes, drogada totalmente, y temblando
delante de nosotros, ha sido una experiencia muy dura. Como ver el mismo rostro de Jesús
sufriendo. Por suerte estamos en Pascua y Cecile comienza a recuperarse, aunque
todavía no está totalmente desintoxicada de todo lo que le han dado.
sábado, 25 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Entre el cansancio y la alegría
viernes, 27 de marzo de 2015
Cuando no vemos claro
lunes, 9 de marzo de 2015
Perderse
El otro día, en una de esas vueltas que me doy
con la bici para mantenerme en forma, intenté conocer nuevos caminos. Después
de las explicaciones de Jean Eudes, probé suerte y disfruté de un camino nuevo,
bonito y con sombra. Dios me regaló el que se me cruzase un cerdo verrugoso
delante de mí, algo realmente inusual por estos parajes. Al llegar a unos
veintidós kilómetros de recorrido, encontré la casa de la que me había hablado
Jean, pero lo que no encontré fue el camino tan claro que me había dicho que
tenía que tomar. Probé por un lado y no era, según me indicaba la alta
tecnología del GPS, retrocedí un poco y a probar otro camino, tampoco resultó
ser, aunque el aparato me decía que no iba desencaminado, la gente que encontré
en medio de la foresta me dijo que no había camino para retornar a casa. Así
que vuelta atrás y a rehacer los caminos. Al final me pegué cincuenta y dos
kilómetros de bici a una temperatura ciertamente curiosa. Pude parar en una
bomba de agua de los peul y saciar mi sed. Esto me hizo ver que la vida es así.
Queremos tomar caminos nuevos y pensamos que por ir bien equipados todo está
solucionado. Dinero, comodidades, alta tecnología. Pero los caminos de la vida
no siempre son fáciles, se vuelven estrechos y la gente que encontramos no nos
sabe guiar. Al final la mejor manera de no perderse, es llevar alguien que te
acompañe y que sea de confianza. Para eso tienes que saber que te quiere. A mí me faltó Jean, pero no me falta Dios en
mi caminar por la vida. Aunque a veces me despisto y me pierdo un poco, no pasa
nada por deshacer lo andado y recuperar la buena senda.viernes, 27 de febrero de 2015
Veronique
El otro día nos
enteramos que Veronique, una chica de quince años de uno de nuestros pueblos,
había dejado el instituto. Estaba cursando el penúltimo curso de lo que
corresponde a la E.S.O. Es una chica con buenas notas y que nunca había repetido.
Además observamos que había dejado de ayudar en la Iglesia como monaguillo y
que en Navidad no había venido a todas las reuniones como el año pasado. Así que
le pregunté qué pasaba. Al final se acercó con su padre a la misión y nos contó
que se había echado novio, que es un chico de la comunidad que no estudiaba,
era agricultor. Parece ser que este chico le había pedido que dejara la escuela
y que fuera a trabajar con él al campo. A cambio el chico le da cada día
doscientos francos al día, lo cual corresponde a unos treinta céntimos de euro.
Para ella eso es un signo de que él la quiere de verdad. Nosotros le dijimos
que se estaba equivocando, que debía seguir sus estudios para ser el día de
mañana independiente y no verse sometida a su marido toda la vida. Pues al
final eso es lo que les ocurre a muchas mujeres de aquí. Acaban siendo las
esclavas para todo de sus maridos y teniendo que sacar a los niños ellas solas
adelante. ¿Cómo acabará la cosa? Pues no lo tenemos claro, por el momento ella
sigue sin ir al instituto, dice que este año lo ha perdido y que volverá el año
que viene. Eso si no se queda embarazada antes. Como consuelo nos queda que al
ser el chico de la comunidad, en principio no cogerá más mujeres.
lunes, 9 de febrero de 2015
Encadenados
![]() |
| Gregoire nos enseña como encuentra a la gente |
El otro día tuvimos la visita de Gregoire, un reparador de neumáticos que hace años cambió su vida por ayudar a todos los enfermos mentales que se iba encontrando. Dice que antes ni los miraba, pero que ante un problema grave que tuvo, con intento de suicidio, se dio cuenta de que hay mucha gente necesitada de ser querida, y que ese es el primer paso para poder sanar cualquier enfermedad mental. A lo largo de estos años se ha encontrado por todo el África Occidental con muchísimos enfermos mentales a los cuales se les trata como endemoniados. Caminan desnudos por las ciudades o pueblos, están encadenados a un tronco durante años o en medio del campo encadenados a un árbol por el cuello, nadie se acerca a ellos por miedo a ser atacados. En definitiva encadenados como fieras salvajes a causa de su enfermedad. Explicó claramente que su método no es otro que cuidar de esa gente y prometerles que no les abandonará. Les acoge en las casas de su asociación, los asea, les alimenta y es posteriormente cuando pasan al tratamiento médico. Pero nunca abandona la acogida calurosa y cariñosa hacia todos ellos. El problema no es sólo de gente que tiene enfermedades mentales graves, sino que te puede ocurrir por una simple epilepsia. El miedo a lo desconocido sigue estando en el trasfondo del problema. Quizá el problema mayor no sea el encadenamiento físico de esta gente, sino a la cantidad de cosas que todos nos encontramos encadenados de manera menos visible. Por suerte Dios nos libera de cualquier cadena.
| Enfermos mentales de nuestra zona |
lunes, 26 de enero de 2015
Ola de frío, calor humano
Recientemente y debido al harmatán, que es el
viento del norte, vamos del desierto, hemos tenido por aquí una ola de frío que
nos ha dejado tiritando. Los termómetros por la mañana llegaban a señalar unos
quince grados, por lo que ahí nos teníais a todos bien tapaditos para que los
catarros no fueran a más. Las noticias escuchadas de tanta violencia por el
mundo y la persecución contra los cristianos también nos helaban el corazón. Pero
al mismo tiempo hemos tenido durante diez días a los catecúmenos de la parroquia
en la misión. En diversas tandas han estado unos setecientos. Con su ilusión,
alegría, ganas sinceras de seguir a Cristo y animándonos a los que se supone
que estamos en ese camino desde hace tiempo. Gente sencilla, pobre, que duermen
en esteras, se lavan con el cubo que les dejamos en la misión y comparten los
platos para comer. En definitiva, los sencillos de los que habla Jesús, son
ellos los que entenderán verdaderamente el mensaje de Amor y Paz que necesita
este mundo. Alguno acabó en el hospital de vuelta a casa por tener accidente de
moto, pero por fortuna todos han acabado bien. Ante la frialdad de este mundo,
el calor humano, que se consigue con el amor sincero, es la única solución.
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