Como
ya contamos en este blog, el curso pasado empezamos una escuelita en el poblado
de Wonko, más que poblado podemos hablar de casas diseminadas por el campo y
los bosques. El año pasado contratamos a un maestro, este año ha empezado un
segundo maestro como es lógico. Los dos son chicos universitarios, han
terminado sus carreras y ninguno de ellos ha estudiado magisterio, derecho y
sociología para ser más exactos. Pero
cual es el recurso de la mayoría de los universitarios de este país
cuando terminan, pues volver a sus pueblos, coger la azada y seguir con las
labores del campo. Este año les hemos construido dos habitaciones para que puedan
vivir cerca de la escuela sin tener que meterse en casa de alguien de manera prestada.
Están encantados, sin luz, sin agua, suelos y paredes de barro, durmiendo sobre
una esterilla en el suelo. Pero tienen un trabajo en el que se sienten
realizados, útiles y respetados. Sienten que lo que hacen merece la pena, de
hecho dan clase hasta los días festivos,
pues qué mejor pueden hacer. Que esa alegría del comienzo les dure toda
la vida.







