jueves, 14 de mayo de 2015

Bake

 En principio no tiene nada de particular ver el nombre de la tercera hija de una mujer. Pero la vida de esta chica es muy especial. Prima hermana de Cecile, su madre fetichesa y ella tuvo que pasar por ese trance siendo muy jovencita. Escuchar por lo que le hicieron pasar es escalofriante, vejaciones de todo tipo, atada, drogada, pegada, violada, torturada. Todo porque aun siendo pequeña no quería entrar en esa vida de esclavitud. Ahora un poco mayor, y ayudada por una hermana suya que es católica, está consiguiendo salir del mundo de los fetiches. Dice abiertamente que no quiere volver a saber nada de eso. Explica sin tapujos y públicamente todo lo que ha sufrido. Vino con los jóvenes a rezar y cantar cuando tenían, en su pueblo, secuestrada a su prima. La reconocieron y la amenazaron.  Todo ello hace que su vida esté en riesgo, pero prefiere vivir así que en continua esclavitud y tortura. Aunque no ha empezado el catecumenado no falta a la misa. Cuando le preguntas por qué ha decidido seguir el camino de Jesús dice con contundencia, porque encuentro la paz, la tranquilidad y la bondad en este camino. Ahora se ha puesto el nombre de Natalie y ha descubierto que Dios la quiere. Todoun ejemplo de valentía y saber por lo que merece la pena jugársela en la vida.

sábado, 25 de abril de 2015

Cecile


Hay una costumbre aquí, por parte de los que practican las religiones tradicionales, que es ciertamente deplorable. Consiste en el rapto de chicas para hacerlas entrar en su religión y hacerlas portadoras de un fetiche. Da igual si la chica quiere o no, es obligada y amenazada para entrar, normalmente por algún familiar cercano. El resto, fruto de la ignorancia, no hace nada por el miedo atroz que tienen a todas esas cosas. Esta vez se equivocaron de cabo a rabo, pues raptaron a una chica bautizada y confirmada, ya era de nuestra familia, y nosotros no tenemos miedo a los espíritus. Así que fuimos a pedir que nos la devolvieran, pero su negativa fue fuerte, les advertimos que probablemente iban contra ley, pero tampoco cedieron. El delegado del pueblo era tío de la chica, pero tenía miedo de su hermana que era una de las jefas de las fetichesas. Por nuestra parte nos organizamos para hacer presión con la oración y los cantos, ¿dónde? Pues entorno a la choza donde las encierran para hacer que las posean los fetiches. Nos insultaron, provocaron y amenazaron incluso con un fusil, pero los jóvenes de la parroquia no entraron en ese juego y siguieron cantado y rezando. ¿En qué consiste el rito de iniciación? Las tienen encerradas durante unos cuantos días en una choza sin ventilación, con unas velas como única iluminación y con brebajes alucinógenos para beber. Si aun así la chica no entra en trance, entonces la hacen cortes en la piel y por ahí también la meten drogas para que tiemble fuertemente y puedan decir que el fetiche la ha poseído. Durante ese tiempo los adeptos cantan, tocan las calabazas y no las dejan descansar. Entre el miedo que tienen, el cansancio y las drogas, difícil resistirse a caer en trance y dejarse poseer por el fetiche que diga la jefa. Luego viene la presentación en sociedad con los diferentes ritos que ello conlleva, y esa persona acaba siendo esclava de la religión durante toda su vida, excepto que acabe siendo jefa y entonces le toca vivir de lujo. Tras varias reuniones con ellos donde nos mentían, y hablar con la autoridad que nos dijo que era ilegal lo que habían hecho, y que les iban a convocar a la gendarmería, sólo entonces prometieron devolvernos a la chica. Así ha sido una semana después. Puedo asegurar que ver a Cecile con todo el cuerpo lleno de cortes, drogada totalmente, y temblando delante de nosotros, ha sido una experiencia muy dura. Como ver el mismo rostro de Jesús sufriendo. Por suerte estamos en Pascua y Cecile comienza a recuperarse, aunque todavía no está totalmente desintoxicada de todo lo que le han dado.

lunes, 13 de abril de 2015

Entre el cansancio y la alegría

 Hemos celebrado la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. Estamos en pleno tiempo de alegría por lo que significan estas fechas. Pero puede parecer que en la misión, debido a la intensidad con la que se viven las cosas, uno nunca se cansa. Pues es época de mucho calor, unos treinta y siete grados a la sombra y al ir a acostarnos el termómetro sigue marcando por encima de los treinta. El descanso no es igual que en otras épocas, cuesta más conciliar el sueño. Con todo eso el cuerpo se resiente, y  afecta también a la mente. Uno está más espeso de ideas y te cuesta más arrancar a la hora de hacer las cosas. Por lo que la acumulación de celebraciones, en ocasiones, te viene como una losa encima. Pero puedo asegurar que una vez entras en la dinámica de la Pasión y Resurrección del Señor, te encuentras con las comunidades que tienen unas ganas inmensas de poder celebrarlo. El sábado santo en la vigilia pascual empezamos con los bautizos de adultos, bodas, primeras comuniones. Al final, no sabes muy bien de dónde salen las fuerzas, pero notas en el interior que el cansancio queda en un segundo plano, que la alegría te llena el corazón y todo el cuerpo, y que lo que te parecía que podías vivir y celebrar con apatía, acabas celebrándolo un año más con emoción y gozo. Contagiarse de la alegría del Señor resucitado en medio de esta gente es fácil. De hecho, para rematar, el lunes y martes con los jóvenes nos pegamos más de ochenta kilómetros con las bicis. El cansancio sigue ahí, pero no podrá con la felicidad que te da el ver de nuevo esa sonrisa especial en el rostro de toda nuestra gente.

viernes, 27 de marzo de 2015

Cuando no vemos claro

 El otro día volviendo de una excursión con los presidentes, el coche decidió estropearse y estuvo a punto de no llegar a casa. El caso es que se estropeó también algo del sistema eléctrico y no funcionaban los limpiaparabrisas. Mi comentario fue, menos mal que no nos lloverá, pues en tal caso tendríamos problemas serios. Pues veinticinco kilómetros antes de llegar a casa cayó la gran tormenta. Camino de tierra, todo lleno de barro y los cristales con una cantidad de agua que no dejaban ver ni un poco el camino. En la cabina del coche íbamos siete y fuera en la parte de atrás diez. No me quedó más remedio que abrir la ventana del conductor e ir con la cabeza fuera para ir viendo por donde tenía que ir. Por supuesto la marcha fue lenta y cuando llegué a casa estaba totalmente empapado. Muchas veces en la vida no tenemos claro por dónde ir, como hacer para avanzar y que el camino no se vuelva peligroso. Si además te toca estar acompañando gente que te pide que les guíes y lleves por el buen camino, la verdad es que la situación se convierte en una responsabilidad importante. Toca mojarse en muchas situaciones, aunque las ganas sean de refugiarse en lugar seguro, seco y calentito.

lunes, 9 de marzo de 2015

Perderse

 El otro día, en una de esas vueltas que me doy con la bici para mantenerme en forma, intenté conocer nuevos caminos. Después de las explicaciones de Jean Eudes, probé suerte y disfruté de un camino nuevo, bonito y con sombra. Dios me regaló el que se me cruzase un cerdo verrugoso delante de mí, algo realmente inusual por estos parajes. Al llegar a unos veintidós kilómetros de recorrido, encontré la casa de la que me había hablado Jean, pero lo que no encontré fue el camino tan claro que me había dicho que tenía que tomar. Probé por un lado y no era, según me indicaba la alta tecnología del GPS, retrocedí un poco y a probar otro camino, tampoco resultó ser, aunque el aparato me decía que no iba desencaminado, la gente que encontré en medio de la foresta me dijo que no había camino para retornar a casa. Así que vuelta atrás y a rehacer los caminos. Al final me pegué cincuenta y dos kilómetros de bici a una temperatura ciertamente curiosa. Pude parar en una bomba de agua de los peul y saciar mi sed. Esto me hizo ver que la vida es así. Queremos tomar caminos nuevos y pensamos que por ir bien equipados todo está solucionado. Dinero, comodidades, alta tecnología. Pero los caminos de la vida no siempre son fáciles, se vuelven estrechos y la gente que encontramos no nos sabe guiar. Al final la mejor manera de no perderse, es llevar alguien que te acompañe y que sea de confianza. Para eso tienes que saber que te quiere.  A mí me faltó Jean, pero no me falta Dios en mi caminar por la vida. Aunque a veces me despisto y me pierdo un poco, no pasa nada por deshacer lo andado y recuperar la buena senda.

viernes, 27 de febrero de 2015

Veronique

 El otro día nos enteramos que Veronique, una chica de quince años de uno de nuestros pueblos, había dejado el instituto. Estaba cursando el penúltimo curso de lo que corresponde a la E.S.O. Es una chica con buenas notas y que nunca había repetido. Además observamos que había dejado de ayudar en la Iglesia como monaguillo y que en Navidad no había venido a todas las reuniones como el año pasado. Así que le pregunté qué pasaba. Al final se acercó con su padre a la misión y nos contó que se había echado novio, que es un chico de la comunidad que no estudiaba, era agricultor. Parece ser que este chico le había pedido que dejara la escuela y que fuera a trabajar con él al campo. A cambio el chico le da cada día doscientos francos al día, lo cual corresponde a unos treinta céntimos de euro. Para ella eso es un signo de que él la quiere de verdad. Nosotros le dijimos que se estaba equivocando, que debía seguir sus estudios para ser el día de mañana independiente y no verse sometida a su marido toda la vida. Pues al final eso es lo que les ocurre a muchas mujeres de aquí. Acaban siendo las esclavas para todo de sus maridos y teniendo que sacar a los niños ellas solas adelante. ¿Cómo acabará la cosa? Pues no lo tenemos claro, por el momento ella sigue sin ir al instituto, dice que este año lo ha perdido y que volverá el año que viene. Eso si no se queda embarazada antes. Como consuelo nos queda que al ser el chico de la comunidad, en principio no cogerá más mujeres. 

lunes, 9 de febrero de 2015

Encadenados


Gregoire nos enseña como encuentra a la gente

El otro día tuvimos la visita de Gregoire, un reparador de neumáticos que hace años cambió su vida por ayudar a todos los enfermos mentales que se iba encontrando. Dice que antes ni los miraba, pero que ante un problema grave que tuvo, con intento de suicidio, se dio cuenta de que hay mucha gente necesitada de ser querida, y que ese es el primer paso para poder sanar cualquier enfermedad mental. A lo largo de estos años se ha encontrado por todo el África Occidental con muchísimos enfermos mentales a los cuales se les trata como endemoniados. Caminan desnudos por las ciudades o pueblos, están encadenados a un tronco durante años o en medio del campo encadenados a un árbol por el cuello, nadie se acerca a ellos por miedo a ser atacados. En definitiva encadenados como fieras salvajes a causa de su enfermedad. Explicó claramente que su método no es otro que cuidar de esa gente y prometerles que no les abandonará. Les acoge en las casas de su asociación, los asea, les alimenta y es posteriormente cuando pasan al tratamiento médico. Pero nunca abandona la acogida calurosa y cariñosa hacia todos ellos. El problema no es sólo de gente que tiene enfermedades mentales graves, sino que te puede ocurrir por una simple epilepsia. El miedo a lo desconocido sigue estando en el trasfondo del problema. Quizá el problema mayor no sea el encadenamiento físico de esta gente, sino a la cantidad de cosas que todos nos encontramos encadenados de manera menos visible. Por suerte Dios nos libera de cualquier cadena.
Enfermos mentales de nuestra zona