Hace
un tiempo ocurrió algo que me pareció sorprendente. Un domingo llegué a
celebrar a una de las comunidades y no había nadie. Al verme llegar los vecinos
de alrededor acudieron, pero me hicieron saber que los catequistas habían dicho
mal la hora. Yo no podía esperar pues tenía que ir a otro pueblo después, donde
teníamos una celebración importante. El presidente de los catequistas, que
pertenece a esa comunidad llego tarde, con cara de preocupado al ver que la
misa estaba ya empezada y que había poca gente, le vi marchar. Yo no sabía que
le había pasado, si estaba enfadado o qué. El caso es que al terminar, cuando
llego a la pequeña sacristía, me lo encuentro de rodillas delante de la cruz y
llorando como un desconsolado. Le digo que no se preocupe, que fallos tenemos
todos y que no era únicamente responsabilidad suya. Pero él contesta, mompe
(así nos llaman a los sacerdotes aquí) he dejado a mi comunidad sin la misa, y
es lo más importante que hacemos en toda la semana. Ciertamente me tocó una vez
más el corazón ver con que profundidad vive su fe esta buena gente.
martes, 15 de julio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Oro blanco
Es época de recogida del fruto de karité. De
este fruto se extrae, después de un laborioso proceso, el aceite de karité, o
como dicen los franceses la mantequilla de karité. Vemos como las mujeres y las
niñas van al bosque a recoger estos frutos caídos de los árboles, allí deben
tener cuidado de que no les piquen las serpientes, cosa no poco habitual cuando
están por allí. Después secar al sol, golpear con palos, moler, calentar el
karité machacado, moler con piedras y por fin decantar para sacar la mantequilla
blanca de karité. Aquí se usa principalmente como aceite para cocinar, para
hacer jabón, e incluso para algún problema de piel. ¿El coste económico? Pues
no mucho pues no valoran sus horas de trabajo. Pero el valor que le dan es
altísimo pues es esencial para las cosas básicas de la vida. Sin embargo en el
mundo “desarrollado” el valor económico es muy alto, se encuentra en los
cosméticos más lujosos y caros, cierto es que tiene muy buenas propiedades.
Pero no creo que lo más básico en la vida sea la belleza externa, cuando hay
cosas mucho más esenciales de las que carece muchísima gente. Más vale la
belleza interior que la exterior, eso sí que es oro blanco.
sábado, 14 de junio de 2014
¿esclavitud o ayuda a la familia?
Algo realmente habitual por aquí es
encontrarse con los niños realizando labores, en muchos casos, realmente duras.
Pero la cuestión es saber distinguir entre lo que son situaciones de esclavitud
y situaciones donde todos los miembros de la familia, incluidos los más
pequeños, echan una mano en casa para poder sobrevivir. Según un informe de no
sé qué organismo internacional, Benín es el segundo país más esclavista del
mundo después de Mauritania. Cierto es que hay muchos niños cuyas familias dan
gratuitamente o a cambio de un poco de dinero, pensando en que los niños
estarán bien cuidados. El destino de muchos de esos niños es la esclavitud
moderna, sin derechos, tratados a palos, trabajan de sol a sol en las labores
más penosas que se puedan imaginar. Pero también tenemos la situación de
nuestros críos a los que encontramos haciendo labores de trabajo duras, pero
que forman parte de las labores familiares. Sobre todo nos importa que estos
críos puedan ir a la escuela, que sus padres los lleven al dispensario médico
cuando están enfermos. Nos encantaría que en sus tiempos libres pudieran estar
todo el día jugando y pasándoselo bien con sus amigos, pero con que lo puedan
hacer a ratos nos conformamos. Tampoco está mal que echen una mano en casa, así
aprenden lo que les cuesta a sus padres darles educación, comida y sanidad.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Agujeros demasiado pequeños
lunes, 19 de mayo de 2014
Aunque no apetezca
En
esta vida toca hacer muchas cosas que no apetecen. La cuestión es saber con qué
talante las hacemos y el trasfondo de por qué las hacemos. El sábado pasado
asistí a la ordenación del primer obispo bariba, esto no debería resultar
extraño, sino fuera porque esta semana me tocó viajar al sur y la ordenación
era a más de ciento cincuenta kilómetros de casa. Por lo que en un principio
había decido no asistir. Pero lo que nosotros decidimos no es siempre lo que al
final acabamos realizando. El presidente de los catequistas de la parroquia me
dijo que tenían mucho intereses en asistir cuatro de los catequistas y que si
por favor les podía llevar. ¿Cómo decirle que no? Pues es lo que le dije, que
lo sentía mucho pero que no iría a la celebración. A la vuelta de Cotonou y
habiéndolo rezado un poco, no me quedaba más solución que llevar a esta gente
entregada y buena a la ordenación episcopal. Aproveché para llevar a seis
aspirantes de la parroquia, que de paso descubrieron un poco más su propio
país. El caso es que cuando se quiere, cuando se ama, es fácil hacer un
esfuerzo, por muy cansado que esté uno. Y mi vocación es la de servir a estas
comunidades por Amor.
martes, 29 de abril de 2014
Dibujar sonrisas
La
otra tarde cayó una buena tormenta, vino acompañada de granizo, que por esta
zona no es muy habitual. Salí a hacer unas fotos y me encontré que todos los
chavales del madeb estaban recogiendo con alegría e ilusión las pequeñas bolas
de hielo. La algarabía era formidable, reían, disfrutaban, se las metían en la
boca o se las enseñaban a los amigos. Una vez más, esto me hace ver con que
poco se conforma esta gente. Pero en realidad, lo que realmente se encuentra detrás
de este hecho, es que hay gente en el mundo que sigue sabiendo disfrutar y
saborear las cosas sencillas que regala la vida, la naturaleza, los otros. Que
siguen aprovechando cualquier ocasión para reír a gusto y compartir lo
cotidiano con quienes les rodean. Supongo que en este tiempo de Pascua, el
sentir la verdadera alegría de saber a Jesucristo vivo entre nosotros, poderlo
reconocer en la gente sencilla, es un motivo más que suficiente para sonreír y poder compartir mi gozo. Renuncio
voluntariamente a tener que alegrarme o sonreír solamente cuando ocurra algo
extraordinario o formidable en mi vida, cuando obtenga algo sensacional, que
los demás no puedan tener. Esta gente dibuja sonrisas en mi cara cada día, con
las cosas y acciones más corrientes que se pueda imaginar.
miércoles, 16 de abril de 2014
Gustar el fruto del árbol
Cuando yo era pequeño, recuerdo que nos
encantaba subirnos a los árboles para poder jugar, alguno sufría un accidente y
le tocaba llevar escayola. Nuestros mayores siempre nos decían que tuviéramos
cuidado de no caernos. Estoy convencido que alguna desgracia mayor habría. Aquí
es época de que los frutos silvestres maduren, los mangos están dulces y
jugosos y los niños trepan descalzos con gran habilidad por todos esos árboles
para recoger sus frutos y poder llenar sus vientres de algo distinto a la bola
de maíz que toman a diario. El problema es que en demasiadas ocasiones tientan
las leyes de la gravedad y la resistencia de las ramas. Los hospitales se
llenan de niños con algo roto y lo que es peor, asistimos a algún que otro
funeral de algún niño que no superó la caída. El precio del fruto se hace caro,
pero la recompensa de poder disfrutar de su sabor merece el riesgo. Estamos en
una semana crucial, donde Jesús también asumió el riesgo de subir al árbol para
que pudiéramos gustar su fruto.
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