lunes, 30 de agosto de 2021
Woru Mako
sábado, 31 de julio de 2021
Abel
Abel es un chico peulh de Dukagungu, tiene 19 años, y desde el 2015 es huérfano de padre. Su familia quedó bastante mal después del deceso, no es que antes fueran ricos, siempre han sido bastante pobres, pero la muerte del cabeza de familia trajo conflicto entre sus dos esposas y consecuentemente entre los hermanos. Esto afectó mucho a Abel, hasta el punto de estar bastante enfermo y perder un poco la cabeza. Gracias a Dios y a los cuidados de la misión, se fue recuperando. Le hemos seguido acompañando en sus estudios, de hecho, desde esa fecha estuvo interno en el internado de la parroquia de Bembereke. Este año ha terminado el bachiller con una nota bastante buena en el examen de acceso a la universidad, y una vez más descubrimos que las cosas no están preparadas para los pobres, y que la información escasea si no tienes recursos y vives en una ciudad con una buena conexión. Pero es un chico que se hace querer y que sus profesores cuidan, fue el primero de la clase y eso lo tienen en cuenta. Para acceder a las becas universitarias, hay que tener conexión internet, dinero para poder depositar el dossier, etc. ¿Cómo puede un pobre de solemnidad acceder a las nuevas tecnologías si no tiene ni teléfono? Por suerte hemos estado atentos y le hemos hecho todos los trámites para que pueda tener su beca, ahora le toca hacer unas pruebas para todos los que quieran acceder a las becas del estado, no tienen en cuenta el nivel económico, sólo el nivel académico. Para ello tiene que viajar a la ciudad, y también depositar el dossier físicamente en la universidad. Viajes y más viajes que cuestan dinero. Luego vendrán todos los gastos de vivir en la ciudad y todos los gastos de la universidad. Por lo que sigo agradeciendo a toda la gente que generosamente ayuda a la misión, con vuestras aportaciones podemos dar oportunidad de estudiar a más jóvenes como Abel e intentar que tengan un futuro un poco más esperanzador.
sábado, 26 de junio de 2021
Salomón y Rosalie
lunes, 31 de mayo de 2021
Construyendo
viernes, 30 de abril de 2021
Realidad o ficción
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| Sin mascara ninguna |
miércoles, 31 de marzo de 2021
Mohamed
Hace unos días Mohamed
partió a la casa de Allah con sus huríes. Quizá os sorprenda que en este blog
hable de un musulmán, pero ha sido una gran pérdida, por ser un buen amigo y
por ser un hombre dialogante y que tendía puentes. El era costurero, aunque su
pasión eran las nuevas tecnologías y las cosas eléctricas. De hecho, se fue
formando en ello y trabajaba para la misión de Fô-Boure como electricista y
reparando cosas, un hacha. Lo más
importante es que, siendo un musulmán ferviente, que todos los días hacía su
oración y cumplía las normas de su religión, a la vez era un hombre dialogante,
con el que se podía aprender mucho y que siempre tendía puentes entre la comunidad
católica y los musulmanes. Por desgracia, seguía sin tener conciencia de que
cuando se va en moto se debe llevar casco, era un desplazamiento corto, a Siki,
y tuvo la mala suerte de tener un accidente y darse un golpe en la cabeza.
Después de diagnósticos mal hechos y malos tratamientos, después de haber
gastado mucho dinero, al final, cuando las cosas no se hacen bien y en su
momento, resulta que cuando parecía que se estaba recuperando, una infección hospitalaria
ha acabado con su vida. Ha sido una gran perdida para todo el pueblo, y así lo
ha demostrado la gente. Que el Dios único que tenemos todos le guarde.
domingo, 28 de febrero de 2021
Recomenzar
Llevo ya algún tiempo
atendiendo las labores pastorales de mi nueva parroquia, la verdad es que da
gusto poder realizar esta labor evangelizadora, pero también reconozco que no
todo es fácil y cuesta poner en marcha algunas cosas y comunidades. Hay dos
comunidades gando que habían dejado de reunirse y rezar juntos, de hecho,
algunos miembros de esas comunidades han cambiado de religión, pero todavía
quedan algunos católicos de corazón. La cuestión es que nos hemos propuesto
visitarles una vez cada quince días, para poder retomar las catequesis y
compartir con ellos los avatares de la vida. Supongo que, por falta de
costumbre, las primeras visitas, no están siendo lo que desearíamos en cuanto a
número de feligreses, incluso después de tener que pegarte una paliza en la
moto o el quad de noventa kilómetros por caminos poco transitables, e
imposibles para un coche, llegar al pueblo y encontrarte con que la gente no
estaba esperándote, pues la comunicación de nuestra visita no había llegado
bien. Pero también hay momentos realmente bonitos, como el otro día cuando un
grupo de chavales se quedó a escuchar una pequeña catequesis que les hicimos y a
rezar con nosotros, ninguno de ellos había participado nunca en la oración
cristiana. ¿Volverán? ¿Quién sabe? Pero nunca hay que dejar de intentarlo y
volver a comenzar cada día con la misma ilusión que la primera vez que hicimos
algo de lo que estábamos enamorados.






