domingo, 31 de agosto de 2014

Epidemias mortíferas

Últimamente parece que estamos todos muy sensibles con la nueva epidemia del ebola que está matando a muchísima gente. Pero me da la sensación que en realidad la gran preocupación de este mundo es si la dichosa epidemia puede saltar a Europa o EEUU, más que los muertos que produce en África occidental. De hecho no se habló de ella hasta que afecto a un par de americanos y un par de españoles, cuando ya habían muerto, por lo menos, unas mil personas. Hay enfermedades como la malaria que matan al año muchísima más gente, y ¿a quién le importa? Seamos sinceros, en la sociedad del mundo “desarrollado” la vida de los pobres no suele importar mucho, eso sí, mientras no pueda infectarnos a nosotros. Nos da miedo no sólo que nos infecten con sus enfermedades, sino que nos infecten con su pobreza. La epidemia más grave y mortífera que está sufriendo este mundo es la del egoísmo, la insolidaridad. Miramos a otro lado cuando vemos imágenes de guerra, de desolación, de muerte. No queremos enterarnos que para que nosotros podamos vivir “bien” hay otros a los que les toca sufrir. Mientras tanto, en la misión, la gente se lava con agua caliente con sal, alguien les ha dicho que así evitarán el contagio del ebola.

miércoles, 30 de julio de 2014

Descalzarse

 Por estos lares el respeto a los demás es algo que todavía se intenta mantener. De manera especial cuando visitas la casa de alguien o cuando estás delante de algún mayor. Si vas a entrar en una casa la costumbre es descalzarse para no llenar del polvo del camino la casa, lo mismo hacen si van a entrar en la iglesia o en nuestros despachos. No se entra sin pedir permiso y por supuesto la actitud es siempre de profundad humildad, están siendo acogidos. Para poder descalzarse delante de alguien y no sólo físicamente, sino de corazón, hay que ser humildes, sin llegar a la humillación. Creo que en esta gente se hace palpable ese texto del éxodo donde Moisés se encuentra la zarza ardiendo y el Señor le dice, “descálzate Moisés porque pisas suelo sagrado”. Yo no es que me descalce físicamente, pero tengo claro que esta tierra donde vivo es suelo sagrado y sólo con humildad puedo ponerme delante de esta buena gente.

martes, 15 de julio de 2014

Es lo más importante

Hace un tiempo ocurrió algo que me pareció sorprendente. Un domingo llegué a celebrar a una de las comunidades y no había nadie. Al verme llegar los vecinos de alrededor acudieron, pero me hicieron saber que los catequistas habían dicho mal la hora. Yo no podía esperar pues tenía que ir a otro pueblo después, donde teníamos una celebración importante. El presidente de los catequistas, que pertenece a esa comunidad llego tarde, con cara de preocupado al ver que la misa estaba ya empezada y que había poca gente, le vi marchar. Yo no sabía que le había pasado, si estaba enfadado o qué. El caso es que al terminar, cuando llego a la pequeña sacristía, me lo encuentro de rodillas delante de la cruz y llorando como un desconsolado. Le digo que no se preocupe, que fallos tenemos todos y que no era únicamente responsabilidad suya. Pero él contesta, mompe (así nos llaman a los sacerdotes aquí) he dejado a mi comunidad sin la misa, y es lo más importante que hacemos en toda la semana. Ciertamente me tocó una vez más el corazón ver con que profundidad vive su fe esta buena gente.

viernes, 27 de junio de 2014

Oro blanco

 Es época de recogida del fruto de karité. De este fruto se extrae, después de un laborioso proceso, el aceite de karité, o como dicen los franceses la mantequilla de karité. Vemos como las mujeres y las niñas van al bosque a recoger estos frutos caídos de los árboles, allí deben tener cuidado de que no les piquen las serpientes, cosa no poco habitual cuando están por allí. Después secar al sol, golpear con palos, moler, calentar el karité machacado, moler con piedras y por fin decantar para sacar la mantequilla blanca de karité. Aquí se usa principalmente como aceite para cocinar, para hacer jabón, e incluso para algún problema de piel. ¿El coste económico? Pues no mucho pues no valoran sus horas de trabajo. Pero el valor que le dan es altísimo pues es esencial para las cosas básicas de la vida. Sin embargo en el mundo “desarrollado” el valor económico es muy alto, se encuentra en los cosméticos más lujosos y caros, cierto es que tiene muy buenas propiedades. Pero no creo que lo más básico en la vida sea la belleza externa, cuando hay cosas mucho más esenciales de las que carece muchísima gente. Más vale la belleza interior que la exterior, eso sí que es oro blanco.

sábado, 14 de junio de 2014

¿esclavitud o ayuda a la familia?

Algo realmente habitual por aquí es encontrarse con los niños realizando labores, en muchos casos, realmente duras. Pero la cuestión es saber distinguir entre lo que son situaciones de esclavitud y situaciones donde todos los miembros de la familia, incluidos los más pequeños, echan una mano en casa para poder sobrevivir. Según un informe de no sé qué organismo internacional, Benín es el segundo país más esclavista del mundo después de Mauritania. Cierto es que hay muchos niños cuyas familias dan gratuitamente o a cambio de un poco de dinero, pensando en que los niños estarán bien cuidados. El destino de muchos de esos niños es la esclavitud moderna, sin derechos, tratados a palos, trabajan de sol a sol en las labores más penosas que se puedan imaginar. Pero también tenemos la situación de nuestros críos a los que encontramos haciendo labores de trabajo duras, pero que forman parte de las labores familiares. Sobre todo nos importa que estos críos puedan ir a la escuela, que sus padres los lleven al dispensario médico cuando están enfermos. Nos encantaría que en sus tiempos libres pudieran estar todo el día jugando y pasándoselo bien con sus amigos, pero con que lo puedan hacer a ratos nos conformamos. Tampoco está mal que echen una mano en casa, así aprenden lo que les cuesta a sus padres darles educación, comida y sanidad.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Agujeros demasiado pequeños

Esta semana he comprobado como ciertos agujeros que se hacen en el suelo resultan demasiado pequeños para lo que sería lógico. En este caso hechos por los gando, alargados y con otro al fondo más profundo y estrecho. ¿Por qué tan pequeños?¿Es que están cansados de cavar los campos? Pues la realidad es que había que meter el cuerpo sin vida de una niña de doce años, y el siguiente, más pequeño aun, para una niña de dos años. Cuando rezo junto a la comunidad delante de estas tumbas de tierra que se encuentran junto a las casas, siempre me viene la misma pregunta. ¿Qué podemos hacer ante tanta muerte injusta? Y digo injusta porque la mayoría de estos críos mueren por falta de medios, por desconocimiento y por tantas otras carencias. Porque la muerte la acepto con la Esperanza en la Resurrección, pero lo que me cuesta más aceptar es un mundo tan desigual y con tanta gente careciendo de lo más básico. En el momento que intento enviar este blog, me llaman diciendo que un bebé que bauticé esta Navidad ha muerto. Los niños como siempre los más desfavorecidos. Aun así juegan, ríen, trabajan y corren por estos pueblos llenándolos con un sonido que es música para los oídos.

lunes, 19 de mayo de 2014

Aunque no apetezca

En esta vida toca hacer muchas cosas que no apetecen. La cuestión es saber con qué talante las hacemos y el trasfondo de por qué las hacemos. El sábado pasado asistí a la ordenación del primer obispo bariba, esto no debería resultar extraño, sino fuera porque esta semana me tocó viajar al sur y la ordenación era a más de ciento cincuenta kilómetros de casa. Por lo que en un principio había decido no asistir. Pero lo que nosotros decidimos no es siempre lo que al final acabamos realizando. El presidente de los catequistas de la parroquia me dijo que tenían mucho intereses en asistir cuatro de los catequistas y que si por favor les podía llevar. ¿Cómo decirle que no? Pues es lo que le dije, que lo sentía mucho pero que no iría a la celebración. A la vuelta de Cotonou y habiéndolo rezado un poco, no me quedaba más solución que llevar a esta gente entregada y buena a la ordenación episcopal. Aproveché para llevar a seis aspirantes de la parroquia, que de paso descubrieron un poco más su propio país. El caso es que cuando se quiere, cuando se ama, es fácil hacer un esfuerzo, por muy cansado que esté uno. Y mi vocación es la de servir a estas comunidades por Amor.