Por estos lares el respeto a los demás es algo
que todavía se intenta mantener. De manera especial cuando visitas la casa de alguien
o cuando estás delante de algún mayor. Si vas a entrar en una casa la costumbre
es descalzarse para no llenar del polvo del camino la casa, lo mismo hacen si
van a entrar en la iglesia o en nuestros despachos. No se entra sin pedir
permiso y por supuesto la actitud es siempre de profundad humildad, están siendo
acogidos. Para poder descalzarse delante de alguien y no sólo físicamente, sino
de corazón, hay que ser humildes, sin llegar a la humillación. Creo que en esta
gente se hace palpable ese texto del éxodo donde Moisés se encuentra la zarza
ardiendo y el Señor le dice, “descálzate Moisés porque pisas suelo sagrado”. Yo
no es que me descalce físicamente, pero tengo claro que esta tierra donde vivo
es suelo sagrado y sólo con humildad puedo ponerme delante de esta buena gente.