sábado, 14 de junio de 2014

¿esclavitud o ayuda a la familia?

Algo realmente habitual por aquí es encontrarse con los niños realizando labores, en muchos casos, realmente duras. Pero la cuestión es saber distinguir entre lo que son situaciones de esclavitud y situaciones donde todos los miembros de la familia, incluidos los más pequeños, echan una mano en casa para poder sobrevivir. Según un informe de no sé qué organismo internacional, Benín es el segundo país más esclavista del mundo después de Mauritania. Cierto es que hay muchos niños cuyas familias dan gratuitamente o a cambio de un poco de dinero, pensando en que los niños estarán bien cuidados. El destino de muchos de esos niños es la esclavitud moderna, sin derechos, tratados a palos, trabajan de sol a sol en las labores más penosas que se puedan imaginar. Pero también tenemos la situación de nuestros críos a los que encontramos haciendo labores de trabajo duras, pero que forman parte de las labores familiares. Sobre todo nos importa que estos críos puedan ir a la escuela, que sus padres los lleven al dispensario médico cuando están enfermos. Nos encantaría que en sus tiempos libres pudieran estar todo el día jugando y pasándoselo bien con sus amigos, pero con que lo puedan hacer a ratos nos conformamos. Tampoco está mal que echen una mano en casa, así aprenden lo que les cuesta a sus padres darles educación, comida y sanidad.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Agujeros demasiado pequeños

Esta semana he comprobado como ciertos agujeros que se hacen en el suelo resultan demasiado pequeños para lo que sería lógico. En este caso hechos por los gando, alargados y con otro al fondo más profundo y estrecho. ¿Por qué tan pequeños?¿Es que están cansados de cavar los campos? Pues la realidad es que había que meter el cuerpo sin vida de una niña de doce años, y el siguiente, más pequeño aun, para una niña de dos años. Cuando rezo junto a la comunidad delante de estas tumbas de tierra que se encuentran junto a las casas, siempre me viene la misma pregunta. ¿Qué podemos hacer ante tanta muerte injusta? Y digo injusta porque la mayoría de estos críos mueren por falta de medios, por desconocimiento y por tantas otras carencias. Porque la muerte la acepto con la Esperanza en la Resurrección, pero lo que me cuesta más aceptar es un mundo tan desigual y con tanta gente careciendo de lo más básico. En el momento que intento enviar este blog, me llaman diciendo que un bebé que bauticé esta Navidad ha muerto. Los niños como siempre los más desfavorecidos. Aun así juegan, ríen, trabajan y corren por estos pueblos llenándolos con un sonido que es música para los oídos.

lunes, 19 de mayo de 2014

Aunque no apetezca

En esta vida toca hacer muchas cosas que no apetecen. La cuestión es saber con qué talante las hacemos y el trasfondo de por qué las hacemos. El sábado pasado asistí a la ordenación del primer obispo bariba, esto no debería resultar extraño, sino fuera porque esta semana me tocó viajar al sur y la ordenación era a más de ciento cincuenta kilómetros de casa. Por lo que en un principio había decido no asistir. Pero lo que nosotros decidimos no es siempre lo que al final acabamos realizando. El presidente de los catequistas de la parroquia me dijo que tenían mucho intereses en asistir cuatro de los catequistas y que si por favor les podía llevar. ¿Cómo decirle que no? Pues es lo que le dije, que lo sentía mucho pero que no iría a la celebración. A la vuelta de Cotonou y habiéndolo rezado un poco, no me quedaba más solución que llevar a esta gente entregada y buena a la ordenación episcopal. Aproveché para llevar a seis aspirantes de la parroquia, que de paso descubrieron un poco más su propio país. El caso es que cuando se quiere, cuando se ama, es fácil hacer un esfuerzo, por muy cansado que esté uno. Y mi vocación es la de servir a estas comunidades por Amor.

martes, 29 de abril de 2014

Dibujar sonrisas

La otra tarde cayó una buena tormenta, vino acompañada de granizo, que por esta zona no es muy habitual. Salí a hacer unas fotos y me encontré que todos los chavales del madeb estaban recogiendo con alegría e ilusión las pequeñas bolas de hielo. La algarabía era formidable, reían, disfrutaban, se las metían en la boca o se las enseñaban a los amigos. Una vez más, esto me hace ver con que poco se conforma esta gente. Pero en realidad, lo que realmente se encuentra detrás de este hecho, es que hay gente en el mundo que sigue sabiendo disfrutar y saborear las cosas sencillas que regala la vida, la naturaleza, los otros. Que siguen aprovechando cualquier ocasión para reír a gusto y compartir lo cotidiano con quienes les rodean. Supongo que en este tiempo de Pascua, el sentir la verdadera alegría de saber a Jesucristo vivo entre nosotros, poderlo reconocer en la gente sencilla, es un motivo más que suficiente para sonreír y  poder compartir mi gozo. Renuncio voluntariamente a tener que alegrarme o sonreír solamente cuando ocurra algo extraordinario o formidable en mi vida, cuando obtenga algo sensacional, que los demás no puedan tener. Esta gente dibuja sonrisas en mi cara cada día, con las cosas y acciones más corrientes que se pueda imaginar.

miércoles, 16 de abril de 2014

Gustar el fruto del árbol

 Cuando yo era pequeño, recuerdo que nos encantaba subirnos a los árboles para poder jugar, alguno sufría un accidente y le tocaba llevar escayola. Nuestros mayores siempre nos decían que tuviéramos cuidado de no caernos. Estoy convencido que alguna desgracia mayor habría. Aquí es época de que los frutos silvestres maduren, los mangos están dulces y jugosos y los niños trepan descalzos con gran habilidad por todos esos árboles para recoger sus frutos y poder llenar sus vientres de algo distinto a la bola de maíz que toman a diario. El problema es que en demasiadas ocasiones tientan las leyes de la gravedad y la resistencia de las ramas. Los hospitales se llenan de niños con algo roto y lo que es peor, asistimos a algún que otro funeral de algún niño que no superó la caída. El precio del fruto se hace caro, pero la recompensa de poder disfrutar de su sabor merece el riesgo. Estamos en una semana crucial, donde Jesús también asumió el riesgo de subir al árbol para que pudiéramos gustar su fruto.

jueves, 27 de marzo de 2014

Tocar callos

 Que nadie se inquiete, no me he vuelto podólogo ni experto en durezas de la piel. Pero quizá, algo que vivo desde que llegué y que siempre me ha hecho reflexionar, el otro día me tocó fuertemente.
 El caso es que en una celebración con el obispo, en una misa con los críos, el obispo propuso que les bendijésemos imponiendo las manos en sus cabezas. Y como no podía ser de otra forma, empecé a constatar que muchas de las cabezas a las que imponía las manos, estaban con una calva de la que sobresalía un gran callo.  Es lo normal cuando tu cabeza porta desde tierna edad cosas de gran peso y volumen. Barreños de veinticinco litros de agua, troncos de árbol enormes, barreños con piedras, y diversidad de cosas que a nosotros nos parecería increíble tener que transportar. Todo ello recorriendo una buena distancia.

 En nuestra cultura comenzaríamos a hablar de explotación de la infancia, esclavitud, trabajos inadecuados. Pero en esta realidad en la que vivimos, lo que hacen estos críos no es otra cosa que ayudar en casa. Se necesitan todas las manos y en este caso todas las cabezas para colaborar a la subsistencia de toda la familia. Es gracioso ver como uno de los juegos que más gustan a los críos es llevar un barreño pequeñito de plástico en su cabeza para acompañar a los mayores e imitarles. Sólo espero que esa ayuda no les impida poder ir al colegio y seguir formándose.

jueves, 13 de marzo de 2014

Polvo eres y en polvo te convertirás

La cría ya no está con nosotros
La semana pasada comenzábamos la cuaresma con el miércoles de ceniza. Ahora el sacerdote al imponernos la ceniza suele decir lo de conviértete y cree en el Evangelio, pero antes nos decía la frase que titula este blog. El caso es que la semana comenzó con el anuncio de que uno de los gemelos que había traído hace tres meses de uno de los pueblos al centro renutricional, cuando ya le habían dado el alta para irse, cogió una diarrea y murió de un día para otro. Al día siguiente nos comunican que una niña de ocho meses que habíamos bautizado la pasada Navidad, hija de un catequista, había muerto también por una diarrea. La procesión con el cuerpo de la pequeña después de la misa iba precedida por la cruz, el joven que la portaba tenía la camiseta totalmente deshecha y su calzado eran los pies desnudos, le seguía una chica que llevaba la calabaza con el agua bendita, con el mismo tipo de vestimenta y calzado que el anterior, les seguía un hombre que portaba el cuerpo de la niña envuelto en una esterilla. Habían dejado sus trabajos en el campo para ir al entierro. Esto es algo importante, pues la muerte de un niño aquí, según la tradición, es una deshonra y no se le hace mucho caso. Pero era una bautizada, y saben que está llamada a una vida mejor, a la vida eterna, y que rezar es lo mejor que pueden hacer. La aceptación de que la vida no nos pertenece es clara entre estas gentes y por eso viven agradecidos cada día. No pretenden hacerse los dueños de la vida, sino vivirla de la manera sencilla. Cuando uno tiene claro cuál es nuestro final, entonces se aprende a disfrutar en cada momento las cosas que verdaderamente importan.