martes, 15 de marzo de 2016

Reciclar

 El otro día cuando hacía deporte con la bici, me encontré un grupo de mujeres que iban a pescar. Gran sorpresa para mí, pero descubrí que en uno de los ríos que está seco, hay un par de zonas donde el agua queda retenida y donde, según estas mujeres, hay peces. Allí iban con sus redes artesanales a meterse dentro del agua y pescar. Yo estuve esperando un buen rato para ver como lo hacían, pero tenían que esperar a que estuvieran todas para poder comenzar, se juntan mujeres de tres pueblos en ese lugar, todo está bien organizado. Durante la espera me fije que había redes hechas al estilo tradicional. Pero que otras habían usado las mosquiteras, que se distribuyen para protegerse durante la noche de las picaduras de los mosquitos, para hacer sus redes de pesca. Espero que fueran mosquiteras que ya estaban viejas, o quizá no. En cualquier caso esas mujeres habían decidido que era mejor usarlas para encontrar algo de comer, que usarlas para protegerse ellas y sus hijos de la malaria. Una cosa está clara y no podemos dudar, aquí lo del reciclaje está muy asumido, casi nada se tira, pues todo tiene algún que otro uso posterior. Normalmente lo que nos falta es reciclar nuestras ideas y nuestra forma de pensar. Estamos en tiempo de cuaresma, buen tiempo para reflexionar si cada uno debemos reciclarnos y mejorar nuestra relación con el medio ambiente, con los demás y con Dios.

sábado, 27 de febrero de 2016

Ancianas agradecidas

Por los caminos, en esta época, vas encontrando algodón caído de los camiones por todas partes. Los compañeros me contaron que antes las ancianas recogían ese algodón para poder tener un poco de dinero, pero que eso había ido desapareciendo, lo cual era signo de evolución del país. Este año me he encontrado a dos ancianas recogiendo el algodón caído de los camiones, circunstancia que me ha hecho reflexionar. ¿Cuántas cosas dejamos caer en nuestro caminar por la vida? ¿A cuántas cosas no les damos valor? ¿Cuántos sueños y esperanzas abandonadas en la cuneta? Pero siempre hay gente mucho más necesitada que nosotros, que viven en la miseria y están dispuestos a recoger cualquiera de nuestros desperdicios, gente que aprovecha hasta lo más mínimo. Gente que lucha por cada sueño, por cada pequeña esperanza que se presenta cada día. Gente que sigue apreciando los pequeños regalos que da la vida. Gente a la que no se le caen los anillos por volver a tener que hacer trabajos que parecían haber desaparecido, pues es lo único que tienen. Mientras sigan pasando esos grandes camiones, símbolo de la opulencia, derramando lo que les sobra, habrá ancianas dispuestas a agradecer a Dios esa oportunidad para poder sobrevivir.

lunes, 8 de febrero de 2016

Treinta y un años después


 Ayer por la tarde, cuando acababa de hacer el rezo de vísperas, recibí una llamada telefónica de Jean, el presidente de los jóvenes que es de Siki. Me dice que está siguiendo un elefante, y como es lógico yo le pregunto dónde está, pues pienso que ha ido a alguno de los dos parques nacionales del país. No, está en su pueblo y el elefante ha tomado dirección hacia Fo-Boure. Así que cojo la moto, la cámara de fotos y me dirijo corriendo hacia allí. Efectivamente, un enorme paquidermo, con un colmillo roto, corre delante de la gente que le sigue con excitación y emoción. Estos animales están en su país, los ancianos los veían con frecuencia, pero fue desapareciendo casi toda la fauna, y estas cosas sólo pasan de vez en cuando. De hecho la última vez que habían visto un elefante solitario pasar por aquí fue en 1985, hace treinta y un años. Para todos los habitantes de la zona fue un regalo a la vista, la alegría se notaba en los gritos que pegaban, aunque al pobre animal más bien le asustaban. Gracias a Dios no estaba herido, pues eso les convierte en muy peligrosos, y tampoco se sintió acorralado. Todo acabo a la caída del sol, entonces hubo que dejarle seguir su senda, en busca de un lugar más tranquilo.

viernes, 29 de enero de 2016

Moderna esclavitud

 Estamos en la época de recogida y venta de algodón. Dicen que el algodón de Benín es de los de mejor calidad y toda la producción sale para la exportación, normalmente a Estados Unidos, aunque también sale para China. Trabajo duro y mal pagado, pero el gobierno hace campañas y presión para que los agricultores lo siembren. A cambio recibirán ayudas de los países interesados en comprarlo. Estos países establecen el precio del mercado mundial de algodón, que es bajísimo, por lo que los agricultores, una vez descontados los gastos, no ganan casi dinero y en ocasiones pierden. Muchos agricultores han empezado a dejar de plantarlo, pero entonces el gobierno pone normas para que el precio del maíz u otros productos no suba y también se encuentren con dificultades para poder conseguir algo de dinero. Otra de las maniobras que hacen es que el precio de los fertilizantes y pesticidas los pone el gobierno. Si tienes algodón te lo venden mucho más barato que si no has sembrado. Como dice Jaques, cocinero de Bembereke, seguimos siendo los mismos esclavos que recogemos el algodón, pero ahora no nos tienen que dar de comer y curar. Nos han devuelto a nuestra tierra, con el mismo trabajo, por nada o casi nada y somos nosotros los que tenemos que procurarnos el alimento, la casa, cuidar la salud. Mientras tanto, cuatro dirigentes corruptos siguen llenándose los bolsillos con la connivencia de los poderosos del mundo. Aun así, nuestra gente sonríe y disfruta la vida empobrecida, por lo menos ya no les dan latigazos.

miércoles, 13 de enero de 2016

Material escolar

Gracias a la fundación Crecer Jugando, nos llegó a la misión material escolar de primera necesidad, sobre todo para las escuelas bombón, que son los jardines de infancia de aquí. No es fácil que los críos asistan a tan tierna edad a la escuela, sin embargo lo vemos esencial, pues comienzan a aprender sus primeras palabras en francés, empiezan a leer y escribir alguna cosa, hacen sus primeras sumas, y también comienzan a saber compartir con más chavales estando en grupos numerosos. Dentro del aprendizaje del compartir, nos parece básico que sepan hacerlo con estos artículos de “lujo” que hemos entregado a unas cuantas escuelas, muñecas, camiones de plástico, etc. Algún director nos pidió que le entregáramos las cosas para regalárselas a los críos con motivo de la Navidad. Pero les dijimos que eso no motivaría a los críos a compartir y tampoco a asistir a la escuela. Sin embargo, si todo eso se queda en el entorno escolar los críos irán con ganas al cole y también se sumará algún nuevo alumno. Sigue emocionando ver como los críos reciben estas cosas sencillas con una sonrisa de oreja a oreja, y eso que no es propiedad particular, sino para compartir.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

La importancia de lo esencial

Estoy agradecido a tanta gente que me pregunta cómo vivimos aquí la Navidad, si es muy diferente. Al principio pensaba que sí, casi todos los signos externos y tradiciones que tenemos en España no se corresponden con lo que se vive aquí. No hay comilonas, no hay dulces típicos, no hay luces que iluminen las calles de colores, de hecho no hay luces en las calles y tampoco en las casas. La mayoría de la población no sabe lo que se celebra, eso es igual que en España, aquí porque son de otras religiones, en España porque no son de ninguna, o quizá de la religión del consumo y el placer instantáneo. Pero en el transcurso de los años descubro que en el fondo, en lo que es realmente esencial, la Navidad es igual en todas partes. Si crees, si celebras el nacimiento del Niño Dios, da igual el idioma en que lo hagas, las canciones que uses, la temperatura exterior o los medios que tengas para hacerlo. Al final lo esencial es lo importante, y todo lo envuelve la sencillez de aquel portal de Belén, donde lo más grande se encontraba en el más pequeño. Que el Niño Dios nos llene de su misericordia y que así construyamos un mundo más sencillo, donde las relaciones sean de verdadero amor, donde de verdad nos interesemos por los demás con generosidad. Volvamos a descubrir las cosas esenciales de la vida y seremos mucho más felices, nos sentiremos de verdad queridos. Aquí lo tenemos más fácil, pues no estamos rodeados de tantas cosas que nos distraigan.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La vida tiene que continuar

Abel haciendo cuerda
Hace unos días ha fallecido Issa Mompere, un peul muy cercano a la misión, él, sus dos mujeres y sus doce hijos. Un hombre joven cuyo hígado ha fallado, a pesar de todos los esfuerzos que hemos hecho por poder sanarlo. Issa conoció a Jesucristo y quiso seguirlo y que lo siguiera toda su familia. Su entorno está completamente islamizado y es muy difícil mantenerse firme en la fe. Pero él nunca tuvo miedo, aunque sí problemas. Por su situación de poligamia no pudieron bautizarse ni él ni sus mujeres, pero hicieron su catequesis. Sin embargo sus hijos mayores están bautizados y confirmados. Siempre nos ha acogido en su casa con cariño, tanto cuando íbamos a rezar, como cuando íbamos con las visitas para que conocieran la vida de estos ganaderos de tradición trashumante. A mi me enseñaba alguna palabra fulfulde y alguna expresión, que incluso me escribía, pues el iba a clase de alfabetización de su lengua. Issa se empeñó en que todos sus hijos fueran a la escuela y que no dejasen de estar preparados para el futuro. La situación que le queda a esta familia en la actualidad es complicada, ahora las viudas tienen que seguir la tradición y estar cuatro meses en casa sin poder salir del entorno. Los hijos seguirán yendo al colegio y al instituto y tendremos que estar pendientes de que con esta nueva situación no se despisten con el esfuerzo del trabajo escolar. Y seguir ayudándoles económicamente con las cosas del cole. También habrá que vigilar que algún familiar no intente aprovecharse de la situación para quitarles las vacas que tienen y dejarlos en la más absoluta indigencia, pues ya ha comenzado algún problema. En medio de esta situación, Abel, el hijo mayor, continua con las labores cotidianas cuando no está en el instituto, pues sabe que la vida tiene que continuar y que él es referente para sus muchos hermanos pequeños.