jueves, 18 de diciembre de 2014

Derribar muros

La semana pasada el alcalde nos avisó que el imán principal de Sinende había fallecido. Rápidamente nos pusimos en contacto con el presidente y el catequista de esa comunidad para que se hicieran presentes en las ceremonias. Aprovechando que esa tarde pasaba por allí, decidimos que me acercaría a saludar y acompañar en el dolor a los musulmanes de esa comunidad. Al llegar me encontré al presidente y al catequista y les pregunté si habían hecho una oración por el difunto, me dijeron que no habían tenido el ofrecimiento para hacerlo. Por lo que pensé que habría que ser discreto y limitarme a los saludos de rigor. Al llegar me acogieron cariñosos y saludamos a todo el mundo, fuimos a la habitación de la viuda y le dimos las condolencias en baribá. Al terminar, los hombres habían colocado unas sillas para nosotros y ellos entre sillas y esterillas se sentaron alrededor. Les di las condolencias, saludos varios y les dije que me disponía a marchar. Cuál fue mi sorpresa cuando me pidieron que hiciera la oración. Así que comencé santiguándome, recé el Padre Nuestro y luego pedí por el difunto y porque Dios les iluminase en la elección del nuevo imán. También aproveché la oración para pedir que siempre trabajásemos junto en favor de la paz. Al terminar, todos estrecharon mi mano y me dieron las gracias por la oración y dijeron que les había gustado mucho. En ocasiones con pequeños gestos se derriban grandes muros, es cuestión de no juzgar antes de tiempo.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Dar la vida ¿merece la pena?

A lo largo y ancho de la historia y el mundo ha habido gente que ha dado su vida por diferentes motivos. No me quiero olvidar de todos esos que la han dado por algún motivo altruista. El caso es que el otro día murieron en el hospital de Tanguieta cinco personas, un niño que apareció con una enfermedad y que contagió al pediatra, su ayudante y dos enfermeras. Los cinco descansan en paz. La enfermedad es la fiebre de Lassa, que por lo visto es endémica de África Occidental, prima hermana del tan conocido ébola. Los síntomas parecidos y las muertes que causa anualmente en esta zona de África son de cinco mil personas al año. Lo “bueno” que tiene es que si se detecta a tiempo tiene un medicamento que la cura. El problema es que no es fácil su detección, sobre todo por estos lares, cuando los síntomas iniciales son parecidos a la malaria. El otro problema como siempre es el coste del medicamento, no es caro para Europa, pero sí para la gente de esta tierra. Dicen que esta enfermedad causa la muerte, en su mayoría, a gente que se dedica a la sanidad. Gente que dedica su vida a intentar salvar la de muchos otros y que asumen que esto les puede costar la suya. Tengo claro que merece la pena dar la vida por aquellos que no tienen quien les defienda ni les asegure un mínimo de condiciones dignas para sobrevivir. Eso es dejar de pensar, por una vez, en uno mismo todo el rato y pensar un poco en el bien común. Claro que yo sigo a Jesús, que dio su vida para salvar la de todos.

sábado, 22 de noviembre de 2014

La alegría de evangelizar


 En mi último escrito mencioné los disturbios que por desgracia vivimos en uno de nuestros pueblos. Ahora que nos encontramos con una calma razonable, nuestra alegría va en aumento. Después de indagar y preguntar, supimos, como ya suponíamos, que ninguna persona de nuestra comunidad había participado en los hechos violentos. De hecho ninguno de ellos entró en el juego de habladurías y denuncias sobre brujería. No es más que una consecuencia de lo que la Palabra de Dios va haciendo en sus vidas. Pues no es que no tengan miedo a los fetiches, brujerías, etc. Hay que comprender que lo han mamado desde pequeños. Pero su miedo se diluye al encontrarse con Jesucristo, saben que Él venció siempre a los malos espíritus y son conscientes, de que si permanecen junto a Dios, ningún mal espíritu les podrá hacer daño. Entre esos espíritus realmente dañinos están la violencia, la venganza, el odio. Nuestra alegría es grande al ver que han sido capaces de desterrarlos de su vida y vivir con el Espíritu de la Paz y el Espíritu del Perdón, que sólo Dios nos puede dar. De nuevo agradezco a Dios y a la Iglesia, el poder vivir estos acontecimientos tan de cerca.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz


 La semana pasada volvimos a vivir momentos dramáticos. En uno de nuestros pueblos volvió una de las familias que había sido acusada de brujería, con ánimo de revancha. Se pertrecharon con armas y dispararon a un grupo de personas. La consecuencia, un muerto y un herido. Los asesinos volvieron a salir huyendo. Pero el viernes por la mañana la gente, sobre todo los jóvenes, clamaba venganza. La rabia acumulada desembocó en violencia incontrolada, quema y destrucción de casas, coches, motos y cualquier recuerdo de esa familia. Búsqueda de gente de esa familia para ser ajusticiados. La violencia sólo engendra violencia, y últimamente los ánimos están demasiado caldeados. Así que esa misma tarde fuimos los dos misioneros con los mayores y responsables de nuestra comunidad a saludar a la familia del difunto, al responsable de los jóvenes, al rey del pueblo y a los tres imanes. A todos les presentamos nuestro dolor por lo sucedido y nuestra preocupación por el clima de violencia que se respiraba. Con ellos rezamos la oración de S. Francisco, pues tenemos el firme convencimiento, que sólo con la paz, el diálogo y el perdón se puede encontrar solución a los problemas y conflictos.

jueves, 30 de octubre de 2014

Cosas para el recuerdo

 Esta mañana me he puesto a desempolvar cajas en la misión. Allí he encontrado recuerdos maravillosos, como fotos antiguas, diapositivas, textos de estudio de la lengua, las primeras traducciones de la Palabra de Dios a baribá, etc. Los recuerdos son algo importante en la vida de cada uno de nosotros, pues son cosas que nos han hecho ser lo que somos en la actualidad, son nuestra historia. Ver los cambios en la misión a lo largo de estos años es algo especial, pues el trabajo ha sido ímprobo. Sin embargo hay cosas que deberían quedar para el recuerdo y no volver a repetirse, enfermedades que suenan a antiguas y siguen siendo demasiado actuales. El otro día se murió uno de nuestros catequistas de cólera, y no fue de un enfado grande, sino esa enfermedad que te mata cuando las aguas que bebes no son salubres. Ciertamente nos impacto tal circunstancia y nos queda claro que el trabajo de concienciación sigue siendo necesario e importante. La formación nunca debe ser algo para el recuerdo en nuestras vidas, sino actualidad permanente.

sábado, 11 de octubre de 2014

El miedo

Ayer volviendo de una catequesis me encontré con dos casas que habían sido arrasadas y quemadas, todavía estaban las llamas dentro de ellas. La cuestión es que en el pueblo acusaban a dos mujeres de hacer brujería y hacer morir a la gente, además de robarles con serpientes que salen de un producto que compraron. Al ir a ver a una de estas mujeres por la enfermedad de una persona, esta no negó que fuera la culpable de tal enfermedad, de hecho dijo que fue ella quien había provocado la enfermedad. La gente cansada de estas mujeres, en masa, fueron dispuestos a matarlas, gracias a Dios las mujeres pudieron huir. Pero sus casas no se libraron de ser incendiadas. El problema real es el miedo que tiene esta gente a lo desconocido y lo fácil que es influenciarles con historias que para nosotros resultan increíbles, pero que ellos han mamado desde su infancia. Al final, como suele pasar, hay que buscar al culpable de las desgracias personales y atacarle, pues así se piensa que el problema está acabado. Por suerte la gente de nuestra comunidad, en ese pueblo, se está movilizando para que esta escalada de violencia se pare, e intentado hacer llegar la cordura y la razón a quienes la han perdido. El miedo es mal compañero de camino, nos hace egoístas y perder el sentido de la realidad, en definitiva nos deshumaniza. Seamos valientes ante los retos y dificultades de la vida.

domingo, 31 de agosto de 2014

Epidemias mortíferas

Últimamente parece que estamos todos muy sensibles con la nueva epidemia del ebola que está matando a muchísima gente. Pero me da la sensación que en realidad la gran preocupación de este mundo es si la dichosa epidemia puede saltar a Europa o EEUU, más que los muertos que produce en África occidental. De hecho no se habló de ella hasta que afecto a un par de americanos y un par de españoles, cuando ya habían muerto, por lo menos, unas mil personas. Hay enfermedades como la malaria que matan al año muchísima más gente, y ¿a quién le importa? Seamos sinceros, en la sociedad del mundo “desarrollado” la vida de los pobres no suele importar mucho, eso sí, mientras no pueda infectarnos a nosotros. Nos da miedo no sólo que nos infecten con sus enfermedades, sino que nos infecten con su pobreza. La epidemia más grave y mortífera que está sufriendo este mundo es la del egoísmo, la insolidaridad. Miramos a otro lado cuando vemos imágenes de guerra, de desolación, de muerte. No queremos enterarnos que para que nosotros podamos vivir “bien” hay otros a los que les toca sufrir. Mientras tanto, en la misión, la gente se lava con agua caliente con sal, alguien les ha dicho que así evitarán el contagio del ebola.