martes, 22 de octubre de 2013
La punta del iceberg
lunes, 30 de septiembre de 2013
¿Por qué no me quieren?
lunes, 16 de septiembre de 2013
Dejar elegir
sábado, 31 de agosto de 2013
Compartir lo bueno y lo malo
| A Luis le ha calado el estilo bariba |
Después
de un tiempo de vacaciones y habiendo regresado a la misión en este mes que está
concluyendo, me dispongo a hablar de mi amigo Luis. Él ha concluido su servicio
de casi ocho años en este rincón de África. La vida está teñida de distintas
experiencias y las situaciones que vivimos son de muy distinta índole. Aquí nos
encontramos lejos de casa, en una cultura distinta, con muchas cosas por
aprender, y en ocasiones, la dificultad con el idioma y el entorno se hacen
duras. Por ello es bueno y necesario saber compartir lo que uno va viviendo y
sintiendo. Desde el primer día Luis me abrió su corazón y compartió conmigo sus
alegrías y sus penas, algo muy de agradecer pues no nos conocíamos de nada. Así
ha sido a lo largo de estos casi tres años que hemos vivido juntos. Con su carácter
de hombre de sierra ha dado lo mejor de sí mismo por esta buena gente. Hombre
seco y cerrado en ocasiones, pero alegre y guasón en muchas otras. Sobre todo
ha querido ser consecuente con lo que pensaba y sentía. Desde aquí te agradezco
este tiempo compartido y deseo que sigas llenando tu ministerio con muchos
rostros nuevos a los que anunciar la Buena Noticia. Todos deberíamos compartir
lo más profundo de lo que somos y vivimos.
miércoles, 12 de junio de 2013
Lo que cuesta escuchar
| Hay comida, es para estar alegres |
Una de las cosas más
importantes que hago en mi vida es escuchar. Aquí es una de las cosas que más echo
en falta, pues al no entender bien la lengua, cuando alguien quiere contarme
algún problema, la situación puede llegar a ser muy complicada. Que gusto nos da
cuando alguien nos cuenta algo bello, alguna cosa acontecida en su vida que le
llena de felicidad y por eso la comparte. Muy diferente resulta cuando alguien viene
a compartir su dolor, sus preocupaciones, incluso sus angustias. Estamos en la
época en la que empieza a llover, todo vuelve a estar de un verde intenso, la
gente va con sus azadas al campo para poder trabajarlo y posteriormente
sembrar. Si todo va bien la cosecha podrá ser abundante y tener comida para el
año que viene. Pero este tiempo es de mucho trabajo y la comida del año pasado
escasea desde hace meses. Que duro se me hizo escuchar el otro día al
catequista más antiguo de la parroquia “no tengo nada para dar de comer a mi
familia”. Después de hablarlo con los compañeros le dimos dos sacos de maíz prestados,
ahora el maíz tiene un precio altísimo, no es como cuando lo acaban de recoger,
si puede ya nos lo devolverá. Ayer por la noche la misma situación nos ha
pasado con el catequista más joven. Estos son dos ejemplos, pero en esta tierra
hay muchas familias que ya no tienen nada para comer, o que sólo comen una vez
al día desde hace unos meses. Por suerte se me sigue haciendo duro escuchar
esto. Le pido a Dios que nos de inteligencia para poder ayudar a toda esta
gente.
jueves, 23 de mayo de 2013
Estadísticas
viernes, 10 de mayo de 2013
Familias que saben acoger
| En la celebración con Poulu (Pablo), el presidente de Yaro |
Como ya os conté en el
escrito anterior, hace poco hicimos un encuentro de jóvenes en el que
participaron doscientos cincuenta y cinco, de los cuales doscientos once eran
de fuera de la localidad que nos acogía. Se nos ocurrió decirle a la comunidad
que si les parecía bien acoger a los jóvenes en sus casas, ellos contestaron rápidamente
que sí, que lo harían encantados, es algo que está impregnado en la cultura
bariba, acoger al extranjero. Hicieron una lista para acoger a los chavales que
vinieran, mi preocupación era que faltaran casas. La realidad fue la contraria,
hubo muchas casas que se quedaron sin jóvenes para acoger, con el consiguiente
disgusto que esto les generó. Esto fue una buena experiencia por parte de
todos, los jóvenes no se limitaron a cenar, dormir y desayunar en las casas,
sino que compartieron su fe con las
distintas familias. El resultado fue más que positivo, todos estaban encantados.
Muchas veces tenemos pereza o reticencias a la hora de acoger alguien
desconocido en nuestra casa, más si son un grupo de jóvenes, mucho más si son
pobres. En eso, una vez más, esta gente nos vuelve a dar la lección de tener
sus hogares abiertos. Sólo te puedes plantear hacer esto si tienes un corazón
abierto y acogedor. Fue un gran reflejo de lo que debe ser siempre la Iglesia,
lugar de acogida con el Amor de Dios para todos. Espero que ese Amor nos toque
el corazón y sepamos hacer lo mismo.
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