martes, 22 de octubre de 2013

La punta del iceberg

 El pasado domingo, con motivo del día de las misiones, recibí unos cuantos correos de felicitación. La verdad es que me hace ruborizar las cosas que alguno piensa de mí y de mi labor por estos lares. Creo sinceramente que se sobrevalora la misión que hacemos los que estamos lejos de casa. Es cierto que hemos renunciado a los nuestros, pero también estamos realizando una labor que llena del todo nuestra vida. No está exenta de dificultades y momentos duros, pero ¿qué vida está exenta de eso? En definitiva, me parece que el problema es que se minusvalora la labor que mucha gente está realizando en su casa, sin salir lejos de ella. Una labor callada, una labor constante, un trabajo incansable para mejorar nuestro mundo. Sin haber mamado eso, yo hubiese sido incapaz de plantearme algún día venir hasta este recóndito lugar. Esa labor que continua haciendo tanta gente es la que me sostiene cada día para intentar realizar mi misión de la mejor manera posible. Sin vuestra oración, sin vuestras ayudas materiales, pero sobre todo, sin vuestro cariño sincero, no sería capaz de afrontar este reto. Creo sinceramente que he tenido la suerte de sentirme a lo largo de la vida muy querido, y mi labor principal aquí es saber querer de manera profunda a cada uno de mis parroquianos. Yo soy sólo la punta del iceberg, sois vosotros los que estáis amando profundamente a esta gente. Dios me ha mostrado siempre su Amor y Amor con amor se paga. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

¿Por qué no me quieren?

Hace un par de semanas fuimos a visitar a Bio, un crío de un año con hidrocefalia. El caso es que su madre, tercera esposa, había muerto hacía un mes. El padre no quiere al niño y nos lo quería dar. Fuimos con una madre que tiene un crío algo mayor y que también tiene hidrocefalia, y otra madre que tiene un crío con parálisis cerebral, acompañados de dos mayores de la comunidad y de las monjas. Todos le expusimos que debía querer al niño y quedárselo. El momento crucial fue cuando Chimen, el otro crío dijo, aquí está mi hermano pequeño, rápidamente lo identificó como de su familia. Fue un momento muy intenso, donde recorría por lo más profundo de nosotros una emoción especial. Chimen se hacía uno con Bio. La madre de Chimen pasó a contar que su hombre la había dejado por no deshacerse del crío, y que ahora que le veía hablar y caminar volvía a querer acercarse a ella. La cuestión ha acabado con el padre diciendo que no quiere al niño y que nos lo quiere dar, hemos puesto el asunto en manos de las autoridades para que todo se haga conforme a la ley y sobre todo para que no deje morir al niño. Esto que nos parece tan horrible es algo que se está haciendo palpable en todo el mundo. En cuanto los niños no son perfectos no nos importa deshacernos de ellos, da igual si están en el vientre de la madre, como si están fuera. Por suerte Bio tiene la oportunidad de encontrar alguien que le querrá y podrá seguir viviendo, aunque no sea con su familia. Pero siempre se preguntará ¿por qué no le quiso su padre?

lunes, 16 de septiembre de 2013

Dejar elegir

Fadira Catherine es una chica nacida en una familia musulmana. Hasta ahí nada de extraordinario. Una chica joven que estudiaba hasta el año pasado. ¿Cuál fue el problema? Pues que su familia no le dejó seguir estudiando porque iba a la oración a nuestra iglesia, o dejaba de ir a la oración o no le daban dinero para estudiar. El primer año sacó dinero vendiendo cosas y consiguió seguir estudiando e ir a la Iglesia, a pesar de que su familia la insultaba y alguna vez la llegaron a pegar. Pero el año pasado le prohibieron ir al instituto si seguía yendo por nuestra comunidad. Así que la chica dejó de ir a estudiar pero no dejó de acercarse a las celebraciones. La presión familiar ha ido en aumento, pero gracias a Dios no la han obligado a casarse ni la han podido forzar a no venir a nuestra casa. Así que nos ha contado su historia y nos ha pedido que le ayudemos con su familia para poder seguir estudiando. Le hemos propuesto hacer los estudios de ayudante de enfermería y ella está contenta y feliz. Tendrá que ir a Parakou, a la ciudad, esto le da la ventaja de tener a su familia algo más lejos y que la dejen seguir el camino de Jesús, que es como lo dicen aquí, con más tranquilidad. Como este caso hay muchos, pero esto pasa en todo el mundo. Si dejáramos que cada uno siguiese su camino y lo respetáramos, siempre que sea acorde con los derechos humanos, el mundo iría mucho mejor.

sábado, 31 de agosto de 2013

Compartir lo bueno y lo malo

A Luis le ha calado el estilo bariba
Después de un tiempo de vacaciones y habiendo regresado a la misión en este mes que está concluyendo, me dispongo a hablar de mi amigo Luis. Él ha concluido su servicio de casi ocho años en este rincón de África. La vida está teñida de distintas experiencias y las situaciones que vivimos son de muy distinta índole. Aquí nos encontramos lejos de casa, en una cultura distinta, con muchas cosas por aprender, y en ocasiones, la dificultad con el idioma y el entorno se hacen duras. Por ello es bueno y necesario saber compartir lo que uno va viviendo y sintiendo. Desde el primer día Luis me abrió su corazón y compartió conmigo sus alegrías y sus penas, algo muy de agradecer pues no nos conocíamos de nada. Así ha sido a lo largo de estos casi tres años que hemos vivido juntos. Con su carácter de hombre de sierra ha dado lo mejor de sí mismo por esta buena gente. Hombre seco y cerrado en ocasiones, pero alegre y guasón en muchas otras. Sobre todo ha querido ser consecuente con lo que pensaba y sentía. Desde aquí te agradezco este tiempo compartido y deseo que sigas llenando tu ministerio con muchos rostros nuevos a los que anunciar la Buena Noticia. Todos deberíamos compartir lo más profundo de lo que somos y vivimos.

miércoles, 12 de junio de 2013

Lo que cuesta escuchar

Hay comida, es para estar alegres
 Una de las cosas más importantes que hago en mi vida es escuchar. Aquí es una de las cosas que más echo en falta, pues al no entender bien la lengua, cuando alguien quiere contarme algún problema, la situación puede llegar a ser muy complicada. Que gusto nos da cuando alguien nos cuenta algo bello, alguna cosa acontecida en su vida que le llena de felicidad y por eso la comparte. Muy diferente resulta cuando alguien viene a compartir su dolor, sus preocupaciones, incluso sus angustias. Estamos en la época en la que empieza a llover, todo vuelve a estar de un verde intenso, la gente va con sus azadas al campo para poder trabajarlo y posteriormente sembrar. Si todo va bien la cosecha podrá ser abundante y tener comida para el año que viene. Pero este tiempo es de mucho trabajo y la comida del año pasado escasea desde hace meses. Que duro se me hizo escuchar el otro día al catequista más antiguo de la parroquia “no tengo nada para dar de comer a mi familia”. Después de hablarlo con los compañeros le dimos dos sacos de maíz prestados, ahora el maíz tiene un precio altísimo, no es como cuando lo acaban de recoger, si puede ya nos lo devolverá. Ayer por la noche la misma situación nos ha pasado con el catequista más joven. Estos son dos ejemplos, pero en esta tierra hay muchas familias que ya no tienen nada para comer, o que sólo comen una vez al día desde hace unos meses. Por suerte se me sigue haciendo duro escuchar esto. Le pido a Dios que nos de inteligencia para poder ayudar a toda esta gente.

jueves, 23 de mayo de 2013

Estadísticas


 Hace unos días fui a hacer la catequesis a un pueblo gando, donde la miseria se puede tocar de cerca en muchas familias, una miseria peor que la de la media, así que imaginaros. El caso es que me sorprendió no ver a Elisabeth en la catequesis, ella siempre es fiel al encuentro. Esta chica fue operada de mayor para que pudiera andar, a causa de la polio estaba impedida. La misión costeó la operación y rehabilitación. Pregunté por su ausencia y me dijeron que había sido madre. Así que decidí ir a saludarla. Cuando entré en la casa se me cayó el alma a los pies al ver las condiciones de la choza, lo cierto es que la tenía limpia y recogida, pero con grandes huecos en la paja del techo y con una de las paredes de barro que no creo que aguante de pie en la época de lluvias. Allí estaba ella junto a su bebe. Claramente era un bebe prematuro, pregunté si tetaba bien y me dijeron que sí. Pero el crío estaba claro que necesitaba cuidados. Ella lo había parido en casa, sin ninguna asistencia profesional. Les dije que había que llevar al niño al dispensario de las hermanas para que en el centro renutricional intentaran que ganara peso y cuidarlo. La abuela estaba en contra, pero convencí a la comunidad para que presionaran. El niño nació el lunes, yo le vi el viernes y fueron al centro el domingo. Después de unos días allí el niño murió. Este niño no saldrá en ninguna estadística, no habrá salido en el último informe del PNUD sobre desarrollo humano, en el que estamos en el puesto 166 y en el que se declara que estamos por debajo de la media del Africa subsahariana. Difícil que pueda salir mucha gente en esas estadísticas cuando no cuentan para nadie y no van a ningún sitio oficial a tratarse. Por suerte,  estos son los primeros que Dios, en sus estadísticas, lleva en su cabeza y en su corazón. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Familias que saben acoger

En la celebración con Poulu (Pablo), el presidente de Yaro

 Como ya os conté en el escrito anterior, hace poco hicimos un encuentro de jóvenes en el que participaron doscientos cincuenta y cinco, de los cuales doscientos once eran de fuera de la localidad que nos acogía. Se nos ocurrió decirle a la comunidad que si les parecía bien acoger a los jóvenes en sus casas, ellos contestaron rápidamente que sí, que lo harían encantados, es algo que está impregnado en la cultura bariba, acoger al extranjero. Hicieron una lista para acoger a los chavales que vinieran, mi preocupación era que faltaran casas. La realidad fue la contraria, hubo muchas casas que se quedaron sin jóvenes para acoger, con el consiguiente disgusto que esto les generó. Esto fue una buena experiencia por parte de todos, los jóvenes no se limitaron a cenar, dormir y desayunar en las casas, sino  que compartieron su fe con las distintas familias. El resultado fue más que positivo, todos estaban encantados. Muchas veces tenemos pereza o reticencias a la hora de acoger alguien desconocido en nuestra casa, más si son un grupo de jóvenes, mucho más si son pobres. En eso, una vez más, esta gente nos vuelve a dar la lección de tener sus hogares abiertos. Sólo te puedes plantear hacer esto si tienes un corazón abierto y acogedor. Fue un gran reflejo de lo que debe ser siempre la Iglesia, lugar de acogida con el Amor de Dios para todos. Espero que ese Amor nos toque el corazón y sepamos hacer lo mismo.