En el libro del Génesis se menciona esta historia, en la que Dios hace que los hombres hablen distintos idiomas para que no se entiendan. El pasado día 25 de enero, celebrando la Navidad con alegría como cada año, tuve sólo siete bautizos de niños pequeños en mi nueva parroquia. Pues siendo el número tan pequeño, bauticé en cuatro idiomas diferentes, peulh, bariba, francés e inglés. No es que sea algo extraordinario bautizar en muchas lenguas por estos lares, pero que con tan pocos niños hubiese tal cantidad de lenguas, me resulto llamativo. Debo decir que ningún progenitor me pidió que bautizará en su lengua, simplemente querían lo mejor para sus hijos, que ellos entendían que era el bautismo, el idioma era lo de menos, aunque ciertamente, creo que a todos les agradó que fuera en su lengua materna o casi. Lo que me ha hecho reflexionar mucho sobre este asunto es el tema de la división. Utilizamos el idioma, la cultura, el origen, la raza, para estar divididos, para despreciarnos, para sentirnos superiores unos a otros. Aquí, con más de 58 etnias distintas, eso tampoco es diferente a otros lugares. Pero me alegra ver que todavía hay espacios de convivencia, donde se sigue recordando qué es lo más importante, donde la gente del sur aprende a rezar en bariba o peulh, porque al fin y al cabo pueden celebrar la eucaristía y no hacen mayor problema del asunto. Donde somos capaces, siendo tan diferentes, de sentirnos una sola familia. Espero y deseo que esta humanidad tan fragmentada y que parece en muchos casos irreconciliable, sea capaz de centrarse en lo importante y saber vivir como una sola familia, donde los idiomas no se usen como arma arrojadiza, sino como vehículo de comunicación y encuentro.
domingo, 31 de enero de 2021
La torre de Babel
miércoles, 30 de diciembre de 2020
Emprendedores
En este año que acaba, en el que a la humanidad le ha tocado vivir unas circunstancias ciertamente especiales por su dificultad, y ha tocado ingeniárselas para resolver muchos inconvenientes, una vez más me fijo en esta gente sencilla, que no han sentido de manera diferente su día a día durante este año. Como siempre han tenido que apañárselas para sobrevivir en un medio hostil, en el que no suelen recibir muchas ayudas, y en el que las epidemias, inundaciones, cortes de caminos, y un largo etc., son algo con lo que conviven con relativa normalidad. Eso les ha creado a lo largo del tiempo una conciencia solidaria, de responsabilidad común, donde no se pueden permitir el ir solamente a lo suyo, pues se necesitan unos a otros para poder ir avanzando. Y emprenden sus pequeños trabajos comunitarios, se ponen de acuerdo para hacer cosas y poder llegar a sus campos, para poder cultivar y dar de comer a su familia. Para eso tienen que construir puentes, llenar de piedras grandes charcos, por no llamarlos riachuelos, etc. Gente emprendedora que sabe que, si no lo hacen ellos, nadie lo hará, pues los “grandes” están demasiado ocupados para acordarse de ellos. Y lo que preparan, lo preparan para lo que ellos necesitan como es normal. Los coches y camiones siguen sin poder pasar, pero ¿Quién tiene algo de eso en sus pueblos? Con que pasen las motos y las bicis, o ellos andando es suficiente. No lo hacen por fastidiar a los ricos que tengan esos vehículos, simplemente trabajan para sobrevivir. De hecho, cuando han visto que para mi era una paliza llegar a los pueblos en moto, en cuanto han podido, han reparado los trozos de camino que faltaban para que pudiera pasar con el coche. Que el año que entra seamos todos más solidarios y emprendedores en favor del bien común y no sólo del particular.
domingo, 29 de noviembre de 2020
D. Alfonso
sábado, 31 de octubre de 2020
Mi primer amor
Hace casi
diez años que llegue a estas tierras de Benin, más en concreto a la parroquia
de Fô-Bouré. A lo largo de este tiempo he vivido diferentes experiencias y he
conocido mucha gente. Todo ha sido enriquecedor y sobre todo el poder aprender
de esta gente sencilla, alegre, acogedora. Puedo decir que ha sido mi primer gran
amor africano. Y como todo primer amor lo recordaré con cariño y siempre habrá
una cierta nostalgia en mi corazón. Pero la vida de un sacerdote debe ser
entregarse y amar a tope allá donde esté, y estar dispuesto a cambiar cada
cierto número de años, sobre todo para no acomodarse, ni acostumbrarse a ciertas
rutinas. Eso ayuda también a que las comunidades se enriquezcan conociendo
distintos tipos de servidores de sus comunidades. Mi vocación misionera sigue
intacta, y por eso cogí con cariño lo que un día el obispo de N´Dali lanzó como
un deseo para el que le faltaban sacerdotes disponibles. Este deseo era poder abrir
una nueva parroquia en Bwari, lo que implica hacer una nueva división de la
antigua parroquia de Bembereke. Después de dialogar con él y con mi obispo de
Barbastro-Monzón, me anime a aceptar ese reto y ahora me encuentro en mi penúltimo
día de estancia en Fô-Bouré. Crear una nueva parroquia no es cosa fácil, pero
con paciencia y la ayuda de tanta gente que me quiere y me sostiene, tanto económicamente
como espiritualmente, tengo la absoluta certeza que todo irá bien. Por ahora me
quedaré a vivir en la parroquia de Bembereke con un compañero africano, ofertas
de otros compañeros no me han faltado, pero creo que esto es lo más lógico. Poco
a poco iremos buscando agua, construiremos la misión e incluso si las fuerzas nos
acompañan hasta pondremos luz. La gente de la nueva parroquia está muy ilusionada,
se pasaban más de cinco meses sin ver al sacerdote en la época de lluvias. Así que
espero no decepcionarles.miércoles, 30 de septiembre de 2020
Vuelta a la misión
Un poco más de dos meses después de haber
dejado la misión, habiendo pasado por alguna reparación técnica por
parte de los médicos y haberme arreglado algún órgano que no iba del todo bien,
y por supuesto, haber disfrutado de la familia y amigos, vuelta al trabajo.
Pero no como otros años que nada más llegar a Cotonou, ya estabas haciendo los
preparativos para subir corriendo al norte e incorporarte a las tareas de la
parroquia. Sino que este año, al llegar al aeropuerto, con todo muy bien organizado,
te hacen dos pruebas para comprobar que no tienes el famoso bicho y no
contaminarás el país. El resultado del PCR te lo dan tres días más tarde en
teoría, si has podido pagar. El jueves cambiaron el sistema de pago y ahora hay
que hacerlo electrónicamente, no vale con dinero contante y sonante. Por si
fuera poco, hay que conseguir la cita en un teléfono que no siempre cogen. Con
todos estos requisitos, después de haber aterrizado el martes, conseguí que me
dieran el resultado de la prueba y devolvieran el pasaporte el sábado, eso sí,
esperando dos horas y eso que íbamos con hora dada. Por suerte todo fue bien y
al final hemos llegado a la misión. Otra sorpresa, y muy grata, es que están reparando
la carretera principal del país para subir al norte, ya han abierto un buen
tramo, pero sigue habiendo kilómetros de caminos de tierra, de desvío. Y sí,
tuvimos mala suerte, aunque algo común, es época de lluvias y unos camiones se
quedaron hundidos en medio del camino. Después de una hora de esperar en medio
de la nada, nos propusieron a algunos coches tomar un camino alternativo. Así
lo hicimos y pudimos por fin llegar al destino. Agradeciendo al padre Edgar que
cubra la ausencia por vacaciones como cada año, he llegado a la tan querida
misión de Fo-Bouré. Aquí sin coronavirus ninguno, en general hay muy poco en el
país, pero con las pandemias de siempre, como la malaria y otras. Vuelta a la
vida diaria y a la pasión por lo que hacemos.martes, 28 de julio de 2020
Contrastes

martes, 30 de junio de 2020
Gente agradecida
Hace casi un año os conté el caso de Cecile, una chica que tenía una enfermedad extraña por la que se le llenaba el vientre de líquido y que la estaba consumiendo. Al final fue al hospital y tras alguna que otra operación y meses ingresada, volvió a casa sana y feliz. El coste económico para la misión fue alto, pero lo hicimos con gusto. El otro día me sorprendió viniendo con su novio, no sabíamos que tenía novio, él quiso venir a presentarse y a dar las gracias por todo lo que habíamos hecho por su prometida, el chico es musulmán, y también nos hemos enterado que estuvo siempre ayudando económicamente a Cecile, pero no sabíamos de su existencia ni de su ayuda. Como es habitual por aquí, no se limitaron a saludar y dar las gracias sino que trajeron presentes como regalo, un buen gallo y huevos de pintada. A mucha gente le puede parecer que no es gran cosa, pero aquí, haber hecho ese regalo supone un esfuerzo enorme para dos jóvenes. Venían acompañados de dos amigos, pues claro está, no podían venir juntos y solos. Cada uno fue traído por un amigo en diferentes motos. No desaproveché la ocasión para recordar al novio que Cecile era católica y que quería continuar siéndolo. El no tuvo ningún problema en decir que por supuesto respetaba la religión de ella, espero que sea así. Muchas veces no son los jóvenes los que imponen cambio de religión a sus parejas, sino las familias de los jóvenes los que presionan para ello. Cecile está sana y feliz, disfrutando de una segunda oportunidad y parece que no la va a dejar escapar. De hecho ya me preguntaron sobre la posibilidad de casarse, por ahora tendría que ser matrimonio con disparidad de cultos.


