domingo, 31 de enero de 2021

La torre de Babel

En el libro del Génesis se menciona esta historia, en la que Dios hace que los hombres hablen distintos idiomas para que no se entiendan. El pasado día 25 de enero, celebrando la Navidad con alegría como cada año, tuve sólo siete bautizos de niños pequeños en mi nueva parroquia. Pues siendo el número tan pequeño, bauticé en cuatro idiomas diferentes, peulh, bariba, francés e inglés. No es que sea algo extraordinario bautizar en muchas lenguas por estos lares, pero que con tan pocos niños hubiese tal cantidad de lenguas, me resulto llamativo. Debo decir que ningún progenitor me pidió que bautizará en su lengua, simplemente querían lo mejor para sus hijos, que ellos entendían que era el bautismo, el idioma era lo de menos, aunque ciertamente, creo que a todos les agradó que fuera en su lengua materna o casi. Lo que me ha hecho reflexionar mucho sobre este asunto es el tema de la división. Utilizamos el idioma, la cultura, el origen, la raza, para estar divididos, para despreciarnos, para sentirnos superiores unos a otros. Aquí, con más de 58 etnias distintas, eso tampoco es diferente a otros lugares. Pero me alegra ver que todavía hay espacios de convivencia, donde se sigue recordando qué es lo más importante, donde la gente del sur aprende a rezar en bariba o peulh, porque al fin y al cabo pueden celebrar la eucaristía y no hacen mayor problema del asunto. Donde somos capaces, siendo tan diferentes, de sentirnos una sola familia. Espero y deseo que esta humanidad tan fragmentada y que parece en muchos casos irreconciliable, sea capaz de centrarse en lo importante y saber vivir como una sola familia, donde los idiomas no se usen como arma arrojadiza, sino como vehículo de comunicación y encuentro.


 

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Emprendedores

En este año que acaba, en el que a la humanidad le ha tocado vivir unas circunstancias ciertamente especiales por su dificultad, y ha tocado ingeniárselas para resolver muchos inconvenientes, una vez más me fijo en esta gente sencilla, que no han sentido de manera diferente su día a día durante este año. Como siempre han tenido que apañárselas para sobrevivir en un medio hostil, en el que no suelen recibir muchas ayudas, y en el que las epidemias, inundaciones, cortes de caminos, y un largo etc., son algo con lo que conviven con relativa normalidad. Eso les ha creado a lo largo del tiempo una conciencia solidaria, de responsabilidad común, donde no se pueden permitir el ir solamente a lo suyo, pues se necesitan unos a otros para poder ir avanzando. Y emprenden sus pequeños trabajos comunitarios, se ponen de acuerdo para hacer cosas y poder llegar a sus campos, para poder cultivar y dar de comer a su familia. Para eso tienen que construir puentes, llenar de piedras grandes charcos, por no llamarlos riachuelos, etc. Gente emprendedora que sabe que, si no lo hacen ellos, nadie lo hará, pues los “grandes” están demasiado ocupados para acordarse de ellos. Y lo que preparan, lo preparan para lo que ellos necesitan como es normal. Los coches y camiones siguen sin poder pasar, pero ¿Quién tiene algo de eso en sus pueblos? Con que pasen las motos y las bicis, o ellos andando es suficiente. No lo hacen por fastidiar a los ricos que tengan esos vehículos, simplemente trabajan para sobrevivir. De hecho, cuando han visto que para mi era una paliza llegar a los pueblos en moto, en cuanto han podido, han reparado los trozos de camino que faltaban para que pudiera pasar con el coche. Que el año que entra seamos todos más solidarios y emprendedores en favor del bien común y no sólo del particular.

domingo, 29 de noviembre de 2020

D. Alfonso


  D. Alfonso Milian Sorribas falleció el pasado jueves, era un buen hombre sin lugar a dudas. Pero ¿tiene sentido que hable de él en el blog de la misión? Por supuesto, el fue mi primer obispo como sacerdote y también fue el que me permitió ir a la misión y me envió a ésta. Que importante es cuando sentimos una vocación que alguien la refrende, porque sino contrastamos con alguien lo que sentimos, podemos quedarnos en el mundo de los caprichos personales y no tener una visión más amplia de la vida. D. Alfonso, siendo consciente de mi vocación y viéndome perseverar en la demanda, accedió a dejarme partir de la diócesis, fue un gesto de clara generosidad por parte de la diócesis de Barbastro-Monzón, pues faltan servidores del Evangelio en lo que al ministerio sacerdotal se refiere. Esa generosidad fue recompensada con dos nuevos seminaristas que ya son sacerdotes. El amó la misión, y vino dos veces a visitarla, la segunda vez, casi no pudo contarla, pues estuvo grave en el hospital a causa de un golpe de calor, por suerte pudo volver a España sano. Era buen consejero y siempre tuvo palabras de apoyo hacia mi labor. Este verano estuve con él, no podía ser de otra manera, y cuando le conté lo del cambio de misión me dijo que se alegraba mucho y que siguiera confiando en mi vocación y sobre todo en el Señor. D. Alfonso, gracias por haber sido un buen pastor, un buen hermano y un buen amigo.

sábado, 31 de octubre de 2020

Mi primer amor

 

Hace casi diez años que llegue a estas tierras de Benin, más en concreto a la parroquia de Fô-Bouré. A lo largo de este tiempo he vivido diferentes experiencias y he conocido mucha gente. Todo ha sido enriquecedor y sobre todo el poder aprender de esta gente sencilla, alegre, acogedora. Puedo decir que ha sido mi primer gran amor africano. Y como todo primer amor lo recordaré con cariño y siempre habrá una cierta nostalgia en mi corazón. Pero la vida de un sacerdote debe ser entregarse y amar a tope allá donde esté, y estar dispuesto a cambiar cada cierto número de años, sobre todo para no acomodarse, ni acostumbrarse a ciertas rutinas. Eso ayuda también a que las comunidades se enriquezcan conociendo distintos tipos de servidores de sus comunidades. Mi vocación misionera sigue intacta, y por eso cogí con cariño lo que un día el obispo de N´Dali lanzó como un deseo para el que le faltaban sacerdotes disponibles. Este deseo era poder abrir una nueva parroquia en Bwari, lo que implica hacer una nueva división de la antigua parroquia de Bembereke. Después de dialogar con él y con mi obispo de Barbastro-Monzón, me anime a aceptar ese reto y ahora me encuentro en mi penúltimo día de estancia en Fô-Bouré. Crear una nueva parroquia no es cosa fácil, pero con paciencia y la ayuda de tanta gente que me quiere y me sostiene, tanto económicamente como espiritualmente, tengo la absoluta certeza que todo irá bien. Por ahora me quedaré a vivir en la parroquia de Bembereke con un compañero africano, ofertas de otros compañeros no me han faltado, pero creo que esto es lo más lógico. Poco a poco iremos buscando agua, construiremos la misión e incluso si las fuerzas nos acompañan hasta pondremos luz. La gente de la nueva parroquia está muy ilusionada, se pasaban más de cinco meses sin ver al sacerdote en la época de lluvias. Así que espero no decepcionarles.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Vuelta a la misión

Un poco más de dos meses después de haber dejado la misión,   habiendo pasado por alguna reparación técnica por parte de los médicos y haberme arreglado algún órgano que no iba del todo bien, y por supuesto, haber disfrutado de la familia y amigos, vuelta al trabajo. Pero no como otros años que nada más llegar a Cotonou, ya estabas haciendo los preparativos para subir corriendo al norte e incorporarte a las tareas de la parroquia. Sino que este año, al llegar al aeropuerto, con todo muy bien organizado, te hacen dos pruebas para comprobar que no tienes el famoso bicho y no contaminarás el país. El resultado del PCR te lo dan tres días más tarde en teoría, si has podido pagar. El jueves cambiaron el sistema de pago y ahora hay que hacerlo electrónicamente, no vale con dinero contante y sonante. Por si fuera poco, hay que conseguir la cita en un teléfono que no siempre cogen. Con todos estos requisitos, después de haber aterrizado el martes, conseguí que me dieran el resultado de la prueba y devolvieran el pasaporte el sábado, eso sí, esperando dos horas y eso que íbamos con hora dada. Por suerte todo fue bien y al final hemos llegado a la misión. Otra sorpresa, y muy grata, es que están reparando la carretera principal del país para subir al norte, ya han abierto un buen tramo, pero sigue habiendo kilómetros de caminos de tierra, de desvío. Y sí, tuvimos mala suerte, aunque algo común, es época de lluvias y unos camiones se quedaron hundidos en medio del camino. Después de una hora de esperar en medio de la nada, nos propusieron a algunos coches tomar un camino alternativo. Así lo hicimos y pudimos por fin llegar al destino. Agradeciendo al padre Edgar que cubra la ausencia por vacaciones como cada año, he llegado a la tan querida misión de Fo-Bouré. Aquí sin coronavirus ninguno, en general hay muy poco en el país, pero con las pandemias de siempre, como la malaria y otras. Vuelta a la vida diaria y a la pasión por lo que hacemos.

martes, 28 de julio de 2020

Contrastes

En el mundo hay muchas cosas diferentes, maneras diferentes de vivir, de pensar, de crear. También hay diferentes escalas de valores según sea la cultura en la que te has educado, diferentes prioridades. Lo normal y deseable es que seamos capaces de convivir pacíficamente con toda esa diversidad que nos rodea. En África y más concretamente en Benín se pueden ver las diferencias que hay entre la población y los contrastes que se perciben de manera muy aguda al abrir un poco los ojos y sobre todo el corazón. Lo bueno y deseable conviven con lo malo y despreciable de manera muy íntima y muy visible. No sólo hablo de las posibilidades económicas y de su falta hasta en lo más básico, sino también en la manera de actuar y ser o no ser solidarios, saber compartir, estar atentos a las necesidades de los vecinos. Como en tantos sitios los que más tienen tienden a vivir aislados de la realidad que les rodea, no vaya a ser que les contaminen. Es una pequeña escala de lo que hacemos en el mundo en general. A la vez se pueden vivir los contrastes de una gente que vive muy cercana a la muerte, pues por desgracia es una realidad que se palpa a diario, y de la vida que explota por todas partes, en la naturaleza que nos rodea y en las familias que siguen dando gracias a Dios por cada nuevo nacimiento. Estar atentos y con actitud despierta a todas esas distintas realidades nos puede enriquecer mucho, sobre todo si somos abiertos de mente y corazón.


martes, 30 de junio de 2020

Gente agradecida

Hace casi un año os conté el caso de Cecile, una chica que tenía una enfermedad extraña por la que se le llenaba el vientre de líquido y que la estaba consumiendo. Al final fue al hospital y tras alguna que otra operación y meses ingresada, volvió a casa sana y feliz. El coste económico para la misión fue alto, pero lo hicimos con gusto. El otro día me sorprendió viniendo con su novio, no sabíamos que tenía novio, él quiso venir a presentarse y a dar las gracias por todo lo que habíamos hecho por su prometida, el chico es musulmán, y también nos hemos enterado que estuvo siempre ayudando económicamente a Cecile, pero no sabíamos de su existencia ni de su ayuda. Como es habitual por aquí, no se limitaron a saludar y dar las gracias sino que trajeron presentes como regalo, un buen gallo y huevos de pintada. A mucha gente le puede parecer que no es gran cosa, pero aquí, haber hecho ese regalo supone un esfuerzo enorme para dos jóvenes. Venían acompañados de dos amigos, pues claro está, no podían venir juntos y solos. Cada uno fue traído por un amigo en diferentes motos. No desaproveché la ocasión para recordar al novio que Cecile era católica y que quería continuar siéndolo. El no tuvo ningún problema en decir que por supuesto respetaba la religión de ella, espero que sea así. Muchas veces no son los jóvenes los que imponen cambio de religión a sus parejas, sino las familias de los jóvenes los que presionan para ello. Cecile está sana y feliz, disfrutando de una segunda oportunidad y parece que no la va a dejar escapar. De hecho ya me preguntaron sobre la posibilidad de casarse, por ahora tendría que ser matrimonio con disparidad de cultos.