El otro día me encontré con una agradable
sorpresa. Estaba de camino, con la moto, para hacer la catequesis en un poblado
gandó, Garu. Con la moto porque no había camino para el coche, y aquella
población está en medio de la nada. Cuando al llegar a la altura del camino,
donde antiguamente se estrechaba, me encuentro que han pasado las máquinas y
han hecho un camino ancho por el que pueden pasar incluso los camiones. El
motivo por el que han hecho dicho ensanchamiento es más cuestionable, pues
probablemente lo han realizado para poder sacar el algodón más fácilmente.
Sabiendo que el dueño de todas las fábricas de algodón es el actual presidente
del país. Pero lo que sí puedo constatar es que el haber ampliado la vía, hace
salir un poco del aislamiento a esta población, la mejora de las comunicaciones
es siempre un avance importante. Como podéis ver en la foto, no es que hayan
hecho una autopista, aunque para nosotros casi lo es. Muchos años de sufrir con
la moto todos los compañeros que han estado yendo a esa catequesis, ahora,
aunque llueva, podremos ir en coche, siempre es más seguro.
lunes, 19 de marzo de 2018
miércoles, 28 de febrero de 2018
35 años de peregrinación
jueves, 22 de febrero de 2018
Matrimonios forzados
El otro día me llamaron para decirme que una
chica de quince años, de una de nuestras comunidades, había sido dada en
matrimonio forzado a un chico musulmán de otro pueblo. La familia no quiere que
sea católica, por lo que decidieron dársela a ese chico, para que no continuase
su relación con un chico de la comunidad. Por desgracia, esta práctica de
matrimonios forzados sigue vigente por aquí, aunque por supuesto está
absolutamente prohibida por ley. Siempre hay dinero por medio y una vez la
familia de la chica lo ha recibido, normalmente ya no quieren devolverlo porque
se lo han gastado.
En
este caso la chica huyo de la casa, y el marido despechado convocó a la gendarmería
a la familia del otro chico. Yo les dije que contaran la verdad y que dijeran
que ellos no habían cogido a la chica porque era menor de edad, pero que los
otros habían hecho el matrimonio forzado. Al final, el marido denunciante sigue
en el calabozo y los otros han sido liberados, por supuesto pagando una cierta
cantidad de dinero a los gendarmes, pues la corrupción sigue presente. Una lacra, la de estos matrimonios fruto de la ignorancia, con la que hay que acabar y que a través de la educación que hacemos en
las comunidades ha disminuido bastante, pero todavía queda por hacer.
miércoles, 31 de enero de 2018
Poder servir
El
otro día se averió el coche a unos cien kilómetros de la misión, tenía visitas
y fue un momento incómodo. Llame a un compañero beninés que está a medio camino
y sin pensárselo dos veces vino a recogernos y llevarnos hasta casa. Eran las
cinco y media de la tarde cuando hice la llamada. Le tocó recorrer con su coche
unos doscientos kilómetros por pistas para podernos hacer el favor, lo cual es
de agradecer, y es precisamente lo del agradecimiento que quiero destacar. Le
dimos bien de cenar para que pudiera llegar a su casa con la tripa llena. Como
había estudiado en España, aprovechamos para darle alguna de nuestras viandas
típicas y de las que se acuerda siempre con cariño, disfrutó de la cena. Cuando
se iba, como es lógico, salí a acompañarle y agradecerle el servicio que nos
había hecho, una vez más volví a quedar profundamente tocado por la
sensibilidad de esta gente, cuando me dijo: “las gracias te las doy yo porque
he podido hacerte este servicio”. Así que poco más pude decir, excepto volver a
agradecerle su disponibilidad. Con que naturalidad me dijo esa frase, como si
fuera algo normal. Cuando lo normal es que si hacemos un favor, nos den las
gracias a nosotros y no al contrario. Toda una lección de sencillez y un regalo
para meditar. Camille llegó a las once y media de la noche a su casa y al día
siguiente venía el obispo a visitarle por la mañana.
jueves, 25 de enero de 2018
Gracias Gabriel
Este
chico gando, de la comunidad de Siki, tiene pocos años, no pasará de los 12.
Desde crío ha estado incapacitado físicamente. En su caso de pies y manos. Por
lo que le han llevado en brazos de un sitio para otro desde que nació. El
pasado mes de abril le dimos una silla de ruedas de las que nos habían llegado
a la misión. Para él fue toda una alegría. Sigue dependiendo de alguien, alguno
de sus hermanos o amigos, pero es más cómodo y más digno. Pues cuando le dejan,
no tiene por qué estar tirado por el suelo continuamente. El caso es que el
chico siempre ha sido alegre y sonriente, sólo habla su lengua que es el peulh.
El otro día me dejó tocado, pues a la salida de la misa del miércoles por la
tarde, me estaba esperando con un gallo. Me dijo que era para mi y me dio las
gracias. Siete meses después de recibir la silla. El crío tiene unas pocas
gallinas y pollos, que entiendo que su familia le ayuda a criar, y quiso
agradecer el detalle que tuvimos con él. La verdad es que es emocionante ver
que los más empobrecidos de la Tierra tienen un corazón generoso como pocos. De
bien nacidos es el ser agradecidos, supongo que Gabriel lo tiene claro, y yo
desde aquí le quiero dar las gracias por ese gesto tan humano y tan olvidado
tantas veces.
sábado, 30 de diciembre de 2017
Abraham, otro inocente
lunes, 18 de diciembre de 2017
Yohana
![]() |
| Nathalie, Yohana y Pascal |
El pasado día uno termino el curso de nueve
meses que los nuevos catequistas tienen que hacer en una población más al norte
de la nuestra. Entre los tres que este año enviamos de la parroquia, uno de
ellos era de la etnia gando, casado y con dos hijos, todavía joven. Normalmente
para ir al curso de formación deben saber escribir y leer baribá, Yohana (que
significa Juan) es de lengua peulh, por lo que su baribá era bastante
deficiente. Pero él estaba animado y asumimos el riesgo. La consecuencia es que
en el pequeño pueblo de Gamagui, por primera vez tienen un catequista bien
formado que no viene de fuera. La alegría de los pocos cristianos de ese pueblo
es enorme, están viviendo con ilusión renovada esta nueva etapa. Yo es la
primera vez que vivo esto en la misión, y eso que ya llevo un tiempo. Ahora
toca esperar para ver los frutos. Gente muy sencilla, pobres entre los pobres,
así es el pueblo de Gamagui. Pero ver ese pequeño grupo, que se reúne semanalmente
para rezar y compartir su fe, cuando todo el pueblo les mira con socarronería
por lo que hacen, es algo que realmente emociona. Sólo espero que sigan
fiándose de Dios y estén unidos, seguro que al igual que yo había visto
antes, vendrán un segundo, tercero y muchos más catequistas para esta comunidad.
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