Un poco más de dos meses después de haber
dejado la misión, habiendo pasado por alguna reparación técnica por
parte de los médicos y haberme arreglado algún órgano que no iba del todo bien,
y por supuesto, haber disfrutado de la familia y amigos, vuelta al trabajo.
Pero no como otros años que nada más llegar a Cotonou, ya estabas haciendo los
preparativos para subir corriendo al norte e incorporarte a las tareas de la
parroquia. Sino que este año, al llegar al aeropuerto, con todo muy bien organizado,
te hacen dos pruebas para comprobar que no tienes el famoso bicho y no
contaminarás el país. El resultado del PCR te lo dan tres días más tarde en
teoría, si has podido pagar. El jueves cambiaron el sistema de pago y ahora hay
que hacerlo electrónicamente, no vale con dinero contante y sonante. Por si
fuera poco, hay que conseguir la cita en un teléfono que no siempre cogen. Con
todos estos requisitos, después de haber aterrizado el martes, conseguí que me
dieran el resultado de la prueba y devolvieran el pasaporte el sábado, eso sí,
esperando dos horas y eso que íbamos con hora dada. Por suerte todo fue bien y
al final hemos llegado a la misión. Otra sorpresa, y muy grata, es que están reparando
la carretera principal del país para subir al norte, ya han abierto un buen
tramo, pero sigue habiendo kilómetros de caminos de tierra, de desvío. Y sí,
tuvimos mala suerte, aunque algo común, es época de lluvias y unos camiones se
quedaron hundidos en medio del camino. Después de una hora de esperar en medio
de la nada, nos propusieron a algunos coches tomar un camino alternativo. Así
lo hicimos y pudimos por fin llegar al destino. Agradeciendo al padre Edgar que
cubra la ausencia por vacaciones como cada año, he llegado a la tan querida
misión de Fo-Bouré. Aquí sin coronavirus ninguno, en general hay muy poco en el
país, pero con las pandemias de siempre, como la malaria y otras. Vuelta a la
vida diaria y a la pasión por lo que hacemos.miércoles, 30 de septiembre de 2020
Vuelta a la misión
Un poco más de dos meses después de haber
dejado la misión, habiendo pasado por alguna reparación técnica por
parte de los médicos y haberme arreglado algún órgano que no iba del todo bien,
y por supuesto, haber disfrutado de la familia y amigos, vuelta al trabajo.
Pero no como otros años que nada más llegar a Cotonou, ya estabas haciendo los
preparativos para subir corriendo al norte e incorporarte a las tareas de la
parroquia. Sino que este año, al llegar al aeropuerto, con todo muy bien organizado,
te hacen dos pruebas para comprobar que no tienes el famoso bicho y no
contaminarás el país. El resultado del PCR te lo dan tres días más tarde en
teoría, si has podido pagar. El jueves cambiaron el sistema de pago y ahora hay
que hacerlo electrónicamente, no vale con dinero contante y sonante. Por si
fuera poco, hay que conseguir la cita en un teléfono que no siempre cogen. Con
todos estos requisitos, después de haber aterrizado el martes, conseguí que me
dieran el resultado de la prueba y devolvieran el pasaporte el sábado, eso sí,
esperando dos horas y eso que íbamos con hora dada. Por suerte todo fue bien y
al final hemos llegado a la misión. Otra sorpresa, y muy grata, es que están reparando
la carretera principal del país para subir al norte, ya han abierto un buen
tramo, pero sigue habiendo kilómetros de caminos de tierra, de desvío. Y sí,
tuvimos mala suerte, aunque algo común, es época de lluvias y unos camiones se
quedaron hundidos en medio del camino. Después de una hora de esperar en medio
de la nada, nos propusieron a algunos coches tomar un camino alternativo. Así
lo hicimos y pudimos por fin llegar al destino. Agradeciendo al padre Edgar que
cubra la ausencia por vacaciones como cada año, he llegado a la tan querida
misión de Fo-Bouré. Aquí sin coronavirus ninguno, en general hay muy poco en el
país, pero con las pandemias de siempre, como la malaria y otras. Vuelta a la
vida diaria y a la pasión por lo que hacemos.martes, 28 de julio de 2020
Contrastes

En
el mundo hay muchas cosas diferentes, maneras diferentes de vivir, de pensar,
de crear. También hay diferentes escalas de valores según sea la cultura en la
que te has educado, diferentes prioridades. Lo normal y deseable es que seamos
capaces de convivir pacíficamente con toda esa diversidad que nos rodea. En África
y más concretamente en Benín se pueden ver las diferencias que hay entre la
población y los contrastes que se perciben de manera muy aguda al abrir un poco
los ojos y sobre todo el corazón. Lo bueno y deseable conviven con lo malo y
despreciable de manera muy íntima y muy visible. No sólo hablo de las
posibilidades económicas y de su falta hasta en lo más básico, sino también en
la manera de actuar y ser o no ser solidarios, saber compartir, estar atentos a
las necesidades de los vecinos. Como en tantos sitios los que más tienen
tienden a vivir aislados de la realidad que les rodea, no vaya a ser que les
contaminen. Es una pequeña escala de lo que hacemos en el mundo en general. A
la vez se pueden vivir los contrastes de una gente que vive muy cercana a la
muerte, pues por desgracia es una realidad que se palpa a diario, y de la vida que explota por todas partes, en la naturaleza que nos rodea y en las familias
que siguen dando gracias a Dios por cada nuevo nacimiento. Estar atentos y con
actitud despierta a todas esas distintas realidades nos puede enriquecer mucho,
sobre todo si somos abiertos de mente y corazón.
martes, 30 de junio de 2020
Gente agradecida
Hace casi un año os conté el caso de Cecile, una chica que tenía una enfermedad extraña por la que se le llenaba el vientre de líquido y que la estaba consumiendo. Al final fue al hospital y tras alguna que otra operación y meses ingresada, volvió a casa sana y feliz. El coste económico para la misión fue alto, pero lo hicimos con gusto. El otro día me sorprendió viniendo con su novio, no sabíamos que tenía novio, él quiso venir a presentarse y a dar las gracias por todo lo que habíamos hecho por su prometida, el chico es musulmán, y también nos hemos enterado que estuvo siempre ayudando económicamente a Cecile, pero no sabíamos de su existencia ni de su ayuda. Como es habitual por aquí, no se limitaron a saludar y dar las gracias sino que trajeron presentes como regalo, un buen gallo y huevos de pintada. A mucha gente le puede parecer que no es gran cosa, pero aquí, haber hecho ese regalo supone un esfuerzo enorme para dos jóvenes. Venían acompañados de dos amigos, pues claro está, no podían venir juntos y solos. Cada uno fue traído por un amigo en diferentes motos. No desaproveché la ocasión para recordar al novio que Cecile era católica y que quería continuar siéndolo. El no tuvo ningún problema en decir que por supuesto respetaba la religión de ella, espero que sea así. Muchas veces no son los jóvenes los que imponen cambio de religión a sus parejas, sino las familias de los jóvenes los que presionan para ello. Cecile está sana y feliz, disfrutando de una segunda oportunidad y parece que no la va a dejar escapar. De hecho ya me preguntaron sobre la posibilidad de casarse, por ahora tendría que ser matrimonio con disparidad de cultos.
domingo, 31 de mayo de 2020
Buenas noticias
Terminamos
el mes de mayo de una manera atípica, como así hemos pasado todo el mes, al
igual que el de abril y parte del de marzo. Vida mucho más sosegada, aunque no
han faltado las complicaciones y cuestiones a resolver, ha sido vida
principalmente sedentaria, pues no hemos hecho visitas a los pueblos para las
celebraciones, catequesis y otras
reuniones. El ambiente en el país, por lo menos aquí en el norte, es muy
distendido, el bicho no ha afectado por estos lares y no hay sensación real de
peligro, lo cual es ciertamente peligroso, pues la población no toma muy en
serio las medidas de prevención. Durante este mes hemos vivido unas elecciones
municipales y todo ha transcurrido con normalidad, los institutos han comenzado
de nuevo, y nos han anunciado que
podremos volver a celebrar en la iglesia a partir del día dos del mes entrante.
Para ello tuvimos una reunión los sacerdotes de la diócesis el viernes pasado,
donde tomando como referencia las consignas del gobierno, decimos qué cosas
pondríamos en marcha, cuales no y que dificultades podríamos encontrar a la
hora de hacer seguir las normas. Muchas reuniones, celebraciones sacramentales,
etc, deben esperar al mes de octubre, pero por lo menos vamos a intentar
retomar las celebraciones eucarísticas con los fieles dentro de las iglesias.
No será fácil hacer seguir las normas, pero esperamos conseguirlo con paciencia
y educando. La gente ya estaba con muchas ganas de poder volver a empezar a
rezar juntos en el templo, es algo que han echado mucho de menos, y el martes,
cuando anuncie a todos los catequistas que volvemos a comenzar, seguro que
habrá una explosión de alegría por la buena nueva.
jueves, 30 de abril de 2020
Después de la tempestad
Ya
sabemos como acaba el dicho, pero en ocasiones es difícil que llegue la calma,
aunque a decir verdad, esta gente la pierde mucho menos de lo que nosotros la
perderíamos. Hace dos domingos, por la tarde, vino una tormenta. Cuando empezó
todos estábamos alegres, es un tiempo de muchísimo calor y que caiga un poco de
agua siempre refresca el ambiente. Pero en esta ocasión vino con un viento
fortísimo que no nos hizo ningún bien. En la misión vi como se tronchaban ramas
bien gordas de tres árboles, las chapas de los tejados sonaban como si fueran a
volar todas, pero no llegó a más. Al día siguiente cuando salí y comencé a
mirar si había desperfectos, me dijo la gente que la mitad del pueblo había
sido duramente castigada por el temporal de la tarde anterior. Postes de luz
rotos, incluso los grandes cables que gestiona el estado, muchísimas casas sin techo, la gente pasando la tormenta a la intemperie, intentando salvar
algunas pertenencias. Incluso alguna casa con muros caídos. En una casa se habían
achicharrado nueve cabritos, pues la chapa del tejado al salir volando cortó el
cable de la luz, y este al caer al suelo sobre un charco, mató a los animales.
Fui a visitar a la gente y aunque estaban tristes y preocupados, no habían
perdido la calma. ¡Qué capacidad de aceptación de las desgracias! Con cierta
preocupación y tristeza, pero ya se habían puesto en marcha para sacar la ropa
y demás cosas y ponerlas a secar al sol, en varias casas ya estaban arreglando
las chapas de los tejados. Sobre todo y lo que más impresiona es que no oyes a
nadie quejándose de la desgracia. De hecho, el domingo por la mañana habían
celebrado la terminación de una nueva casa, por la tarde toda la casa estaba
hundida excepto una columna decorativa que habían hecho a la entrada. Ahora que
está la tormenta del virus, deberíamos plantearnos con qué espíritu querremos
afrontar lo que venga.
martes, 31 de marzo de 2020
La vida se abre camino
Mucha
gente pregunta si el famoso bicho ha llegado aquí y también sobre qué medidas
se están tomando para frenarlo. Lo cierto es que la información-desinformación
que tenemos a cerca de cómo esta pandemia está afectando en Benin es escasa. Es
difícil creer los datos oficiales que nos dan, sólo seis contagiados en todo el
país, todos venían de fuera, todos evolucionan favorablemente, nadie ha muerto
o va a morir. Pero a la vez han cerrado diez alcaldías del sur, se pide a la
gente que no haga muchos viajes, están enviando mensajes para protegerse y recomendando
quedarse en casa. En todos los países que nos rodean, las cifras son superiores
y todos tienen muertos por el virus. Por el momento la gente no es consciente
de la que se nos puede venir encima, es cierto que están acostumbrados a lidiar
con infinidad de enfermedades, y mucho más familiarizados a lidiar con la
muerte que cualquier ciudadano europeo. Tienen soluciones para todo, de hecho
ya les dije que el sodabi (aguardiente local) y la pimienta no protegían de
esta enfermedad, se echaron a reír, no podía ser de otra manera. No respetan lo
de no juntarse y siguen haciendo vida normal. Si guardas las distancias y les
dices que tengan cuidado, piensan que tienes miedo, nunca que seas prudente. En
esta ocasión la Iglesia se adelantó al gobierno y nos pidieron que cerráramos
las iglesias hace diez días, el gobierno no había cerrado nada. Ayer fue el
primer día en el que se cerraron los centros educativos, y eso que era un
clamor popular el que se cerrasen desde la semana pasada. Como casi siempre, el
argumento para no cerrar las cosas era el económico. Aquí es imposible confinar
a la gente en sus casas, simplemente porque no tienen casas donde poder
confinarse, ni medios. Nada tiene que ver el modo de vivir de esta gente con el
de Europa, no hay supermercados donde comprar alimentos, no hay agua en las
casas, hay que ir a buscarla al pozo o la fuente común si tienen suerte. Por lo
que en lo que insistimos es en que guarden la distancia y que se laven mucho
las manos con jabón, si conseguimos eso, ya habremos conseguido mucho. Pero la
vida se hace, por obligación, en la calle, en los pequeños mercados de cada
pueblo. La última celebración que hice con fieles fue en Tume, en la capilla de
la visitación, donde un dibujo recuerda el encuentro entre Isabel y María,
están abrazándose. Todos volvemos a soñar en el día en que podamos abrazarnos.
Aprovecho para recordar que cada día hay que abrazar la Vida, dar gracias por
el nuevo amanecer, y saber que la Vida sigue abriéndose camino en medio de los
tiempos más dolorosos y duros.
viernes, 28 de febrero de 2020
El Troco
![]() |
| Jesús junto a Paul disfrutando de ofrecernos una paella, 2012 |
Jesús Fernández de Troconiz, el Troco, nos dejó con el
corazón encogido el pasado día 8 de febrero. No se encontraba bien, y había
decidido irse a España a restablecerse para poder seguir ayudando, desde la
limitación de su capacidad pulmonar, a hacer la animación misionera. Pero esta
vez fue la definitiva, y en realidad lo que él deseaba. Había dejado su vida en
África y aquí quería encontrarse con el Señor. Cincuenta y un años de vida
dedicada a esta tierra, a sus gentes. Hombre acogedor, que sabía escuchar y dar
buenos consejos. A ningún misionero le faltaron sus cuidados cuando los
necesitó. También sabía regañar y mandar, una semana antes de morirse me dijo, “yo
he mandado toda mi vida y así será hasta el día de mi muerte”. Y así fue,
recordaba junto a Roberto Carlos, el diácono que le acompañó en la clínica sus
últimos días, que no hacía nada más que darle órdenes, nos reíamos por eso. Ángel,
compañero y amigo ha estado junto a él estos últimos años, le ha tocado salir
pitando de la misión para llevarle al médico cuando le daban crisis, y también
ha sabido ser dócil y obediente a Jesús. Pero me decía el otro día “cuanto he
aprendido de él”. Estuvimos hace unos días comiendo con ellos y nos dejó de
nuevo tocados el ver como Jesús cuidaba y mimaba a su compañero y amigo
Guillermo, el cual es vegetariano. Para todos los demás había buena carnaza,
aunque se quedó un poco dura y Jesús se llevó un gran disgusto. Para Guillermo
había preparado una gran ensalada, le hizo sentarse al lado suyo y se aseguró
que comiera bien y de todo, decía que estaba demasiado delgado. Jesús era así,
le gustaba desvivirse por todo el mundo y tenía metido hasta los tuétanos la
importancia que se da a la acogida en estas tierras. Espéranos en el cielo y prepáranos
una gran acogida como tú sabes hacerlo.
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