Hace poco tiempo hicimos nuestro
encuentro de las cuatro parroquias del sector. Reunimos a los responsables de
caritas, los catequistas y los presidentes de todas las comunidades. Este año
decidimos dar una formación un poco fuera de lo común. Pedimos a la policía
republicana y a los guardas forestales que les dieran formación. Alguien me
preguntó que qué tenía que ver eso con la Iglesia, que el tema no era muy
eclesial. Pero nosotros creemos sinceramente que sí. Hay que ayudar a la gente
a conocer sus derechos y sus deberes. Cuando has crecido en un sitio donde
nadie te ha explicado las leyes de tu país, no has ido a la escuela y no
conoces, incurres en delito sin saberlo. Además de todo eso, la policía de los
distintos pueblos, tampoco explican nada y toman el pelo a la gente, abusando
de su autoridad, si los mantienes en la ignorancia, puedes seguir
aprovechándote de ellos. Estaban todos encantados con la idea, nos han
agradecido estas charlas más que ningún año, siguen haciéndolo cuando vamos a
los pueblos. Algunos decían “menos mal que he escuchado esto de los forestales,
iba a hacer el campo en un terreno protegido y hubiese tenido serios problemas”.
También tienen ahora conocimientos para poder defenderse ante los policías de
sus pueblos. Y también saben que hay cosas que hacen mal y si siguen así serán
sancionados. La Buena Noticia nos tiene que hacer salir de la ignorancia en
todos los campos de la vida.
jueves, 28 de marzo de 2019
sábado, 16 de febrero de 2019
Encontrar una familia
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| Berenice entre Catherine y Rafael |
Berenice
es una chica de la comunidad de Siki. De familia musulmana, se convierte con
dieciocho años al catolicismo, empieza a venir por la iglesia. Eso le genera
grandes problemas con su padre, que la amenaza y le dice que si sigue yendo a la
iglesia la echará de casa. Una vez informados, los responsables de la comunidad
fueron a hablar con ese padre para hacerle comprender que la chica estaba con
nosotros voluntariamente y que ya era suficientemente mayor para elegir. El
padre contesta que si vuelve a pisar una vez más la iglesia, para él está
muerta y que se vaya de su casa. Cuando me plantearon esta cuestión, hablé con
ella y le dije que se pensara bien las cosas y las consecuencias, que si
decidía seguir a Jesús que la comunidad la apoyaría. Y volvió a la iglesia, por
lo que tuvo que salir de su casa. Al principio la acogió Catherine, una matrona
que estaba en Siki, mientras le buscábamos un emplazamiento mejor. La enviamos
al sur a un centro de formación de la Hijas del corazón de María, donde
durante tres años y medio ha aprendido costura. Se ha bautizado y ha estado
feliz. Pero esa formación ha terminado y le tocaba volver. A casa no podía,
Catherine que ya no está en Siki, sino en otro pueblo, la ha acogido como una
hija suya. Nosotros desde la misión seguimos ejerciendo el rol de padres, pues
somos los que la hemos sostenido económicamente durante toda su formación. Le
hemos comprado una máquina de coser y esperamos la oportunidad para ir a su
casa, y enseñarles a sus padres su título de costurera. ¿Qué pasará? Pues la
cosa está difícil, pero en cualquier caso Berenice ha encontrado en la Iglesia
a su familia.
domingo, 20 de enero de 2019
A pesar de todo
El otro día fuimos a la comunidad de Moosi, allí como
es costumbre, junto al presidente y los catequistas, le llevamos la comunión y
rezamos con el antiguo presidente, ya muy debilitado por la edad y casi ciego.
Esta vez fuimos con D. Ángel, obispo de Barbastro-Monzón. La historia del
presidente durante estos últimos tiempos está siendo bastante dura. El año
pasado perdió a un yerno por una picadura de serpiente, hace tres meses a su
mujer, hace un mes a su hija que se había quedado viuda, también por una
mordedura de serpiente. Y el otro día a un nieto, de unos veinte años, hijo de esa
pareja fallecida. Algo que a muchos les habría sumido en una depresión e
incluso en la falta de confianza en Dios. Pero este hombre, cada vez que le
vamos a ver, esboza su sonrisa, está deseando nuestra visita. Y esta vez, con
un obispo cercano y cariñoso, no dudó en sonreír a la vida con todas sus ganas.
Gestos sencillos que hacen, que a pesar de todo, la alegría pueda volver a la
vida de los que sufren, aunque sea por unos instantes. Hombre de fe y
convicciones profundas este anciano presidente.
lunes, 31 de diciembre de 2018
Ilusión
Cuando estamos a punto de clausurar este año,
creo que debo hablar de la ilusión vivida en el día de ayer por la buena gente
de aquí. Un contenedor llegaba al pueblo y era para la misión. No era para
ellos directamente, pero saben que cuando algo llega para la misión, al final
siempre les beneficia a ellos de una u otra manera. Al abrir el contenedor se
formó el alborozo, sobre todo en los niños, había muchísimas bicicletas y ellos
están deseosos de tener una. De hecho, dos monaguillos de Seeru, ya han
reservado las suyas, pues les conté que venían y que si las necesitaban para ir
al instituto, eran los primeros en tenerlas, pues hacen 5 kilómetros a pie,
cuatro veces al día, con una fuerte subida y el calor que no nos abandona, para
ir a clase.
Pero la ilusión comenzó el año pasado, cuando
un buen amigo me propuso enviar un contenedor con unos tractores, otro buen
amigo se sumó y empezó a hacer campaña de recogida de bicis, muchos más amigos
se sumaron para aportar distintas cosas y ayudar económicamente a poder hacer
realidad este sueño. Por fin esa ilusión que tantos amigos de España han puesto
para que se hiciese realidad, ha llegado a cumplirse.
A mí me hace ilusión tener amigos en España
como los que tengo y poder ver sonreír a esta gente con tan poca cosa, todos
dispuestos echar una mano cuando hace falta. Que esta ilusión no nos falte el
año que entra para todas las cosas que tengamos que realizar.
sábado, 22 de diciembre de 2018
¿Qué mundo construimos?
Hace poco nos han instalado en el pueblo la tecnología
4G, que es para comunicarse muy rápido con internet. Una noticia que en
principio y sin más pensar debería alegrarnos. Todo avance está bien, ¿pero es
eso lo que más necesitan los habitantes de Fo-Boure? No creo que eso sea la
prioridad en este momento de esta población, aunque sea un objetivo del milenio
que todo el mundo esté interconectado. Me da la sensación de que otros
objetivos del milenio más básicos son infinitamente más prioritarios, pero no
hay nadie detrás que gane dinero, sino todo lo contrario, quizá por eso no
interesa. Seguimos sin cosas tan básicas como un médico, o una matrona en
muchas ocasiones para atender los partos. Faltan medicamentos en la farmacia
del dispensario con cierta frecuencia, e
incluso el enfermero. Los caminos siguen siendo impracticables, y sólo
los arreglan un poco, y mal arreglo, para que los camiones puedan sacar el
algodón del presidente. Los profesores y maestros siguen faltando con
frecuencia. Los abusos están a la orden del día por parte de las distintas
autoridades, y un largo etcétera que podríamos ir nombrando. Eso sí, harán
campañas para que todo el mundo tenga un teléfono inteligente, aunque sea
nigeriano y cueste mucho menos que en España, y la gente, sobre todo los
jóvenes, gasten el dinero que no tienen para cosas básicas en tener whatsapp.
¿En qué dinámica estamos haciendo vivir a nuestro mundo? Pero la esperanza
nunca se pierde, contra el poder y el dinero hay una buena noticia, que nos
demuestra que eso no es lo que nos hace realmente felices. Rompiendo con las
normas, hace más de dos mil años, Dios se hizo presente en la indigencia y la
miseria de un pesebre, con la fragilidad de un niño pequeño, pero con todo la
fuerza y poder que da al ser humano el verdadero amor. Desde aquí os deseamos
una feliz Navidad.
viernes, 30 de noviembre de 2018
Descubriendo, aprendiendo
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| En el camino entre Seeru y Bori |
Ya estoy concluyendo mi octavo año en la misión, y
este año he descubierto, una vez más, nuevos e interesantes lugares. Al principio
de año viaje por el sur de Burkina y entre al norte de Togo, no estuvo mal. En
julio fui a conocer Grand Popo y todas las cosas interesantes y bonitas que se
pueden ver allí, fuimos en piragua, vimos manglares, el encuentro del río con
el mar, y eso que no me habían hablado muy bien del sitio. Si no fuera porque
estaba con paludismo, seguro que lo habría disfrutado todavía más. En octubre
decidí tomar un camino cercano a la misión que nunca había recorrido, luego
entendí porque nunca lo había recorrido, estaba desastroso, pero tenía rincones
preciosos y vistas maravillosas. Al final, en la vida, hay que arriesgar y seguir
las intuiciones, porque corremos el riesgo de no poder disfrutar de lugares
únicos. Pero todo esto es anecdótico, pues lo importante es que sigo
aprendiendo muchísimo de esta gente con la que convivo, lecciones de vida que
espero no se me olviden. Aprendo de su cultura y de su manera de vivir. No es
que todo lo hagan bien, ni mucho menos, pero conservan valores ancestrales que
no deberíamos perder, y ellos sí tienen ganas de aprender y de conocer, sobre
todo tienen ganas de Jesucristo.
viernes, 23 de noviembre de 2018
Aporofobia
Parece ser que recientemente, el diccionario de la
lengua ha admitido esta palabra como nueva. Pero por desgracia, esta palabra
describe una situación tan vieja como el ser humano. Aporofobia significa odio
al pobre, y eso es lo que nuestra sociedad sigue teniendo. Mucha gente reclama
que el extranjero, sobre todo si es pobre, tiene que entrar de manera legal a
nuestro país. Pues los tres campesinos que han intentado ir a España de
vacaciones, invitados por los antiguos misioneros, tenían todos los papeles en
regla y su visado correspondiente. Pero si es así ¿por qué han estado
encerrados, como si fueran delincuentes, diez días en Bruselas hasta que han
sido deportados? Tenían todos los papeles que les había exigido el gobierno
español, sin embargo la policía belga de fronteras decidió que uno de los
papeles tenía que estar legalizado de otra manera, o bien que cada uno tenía
que llevar en el bolsillo mil quinientos euros. Al no tenerlos, les quitaron
los móviles, para dejarlos incomunicados y les amenazaron con la prisión si no
firmaban su deportación voluntaria. Supongo que el policía vio a tres paisanos
que mirarían todo alucinados, que hablarían entre ellos baribá y que
posiblemente llevaban una ropa que no era la más apropiada para alguien que se
supone con recursos. Ha dado igual la intervención de mucha gente, incluida la
embajada de España en Bruselas, para demostrar que estaban invitados veinte
días y que volverían a sus casas. Al final les han deportado y al llegar a
Cotonou acusado de tener un visado falso. Menos mal que aquí tenían algún
conocido policía que les ha librado de la corrupción, pues les retuvieron para
sacarles dinero. Han sido tratados como delincuentes, cuando sólo habían
aceptado una invitación y puesto toda su ilusión por conocer la tierra de
aquellos que han trabajado durante años en la suya. Algo estamos haciendo mal
cuando estas cosas suceden.
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