sábado, 16 de febrero de 2019

Encontrar una familia

Berenice entre Catherine y Rafael

Berenice es una chica de la comunidad de Siki. De familia musulmana, se convierte con dieciocho años al catolicismo, empieza a venir por la iglesia. Eso le genera grandes problemas con su padre, que la amenaza y le dice que si sigue yendo a la iglesia la echará de casa. Una vez informados, los responsables de la comunidad fueron a hablar con ese padre para hacerle comprender que la chica estaba con nosotros voluntariamente y que ya era suficientemente mayor para elegir. El padre contesta que si vuelve a pisar una vez más la iglesia, para él está muerta y que se vaya de su casa. Cuando me plantearon esta cuestión, hablé con ella y le dije que se pensara bien las cosas y las consecuencias, que si decidía seguir a Jesús que la comunidad la apoyaría. Y volvió a la iglesia, por lo que tuvo que salir de su casa. Al principio la acogió Catherine, una matrona que estaba en Siki, mientras le buscábamos un emplazamiento mejor. La enviamos al sur a un centro de formación de la Hijas del corazón de María, donde durante tres años y medio ha aprendido costura. Se ha bautizado y ha estado feliz. Pero esa formación ha terminado y le tocaba volver. A casa no podía, Catherine que ya no está en Siki, sino en otro pueblo, la ha acogido como una hija suya. Nosotros desde la misión seguimos ejerciendo el rol de padres, pues somos los que la hemos sostenido económicamente durante toda su formación. Le hemos comprado una máquina de coser y esperamos la oportunidad para ir a su casa, y enseñarles a sus padres su título de costurera. ¿Qué pasará? Pues la cosa está difícil, pero en cualquier caso Berenice ha encontrado en la Iglesia a su familia.

domingo, 20 de enero de 2019

A pesar de todo

El otro día fuimos a la comunidad de Moosi, allí como es costumbre, junto al presidente y los catequistas, le llevamos la comunión y rezamos con el antiguo presidente, ya muy debilitado por la edad y casi ciego. Esta vez fuimos con D. Ángel, obispo de Barbastro-Monzón. La historia del presidente durante estos últimos tiempos está siendo bastante dura. El año pasado perdió a un yerno por una picadura de serpiente, hace tres meses a su mujer, hace un mes a su hija que se había quedado viuda, también por una mordedura de serpiente. Y el otro día a un nieto, de unos veinte años, hijo de esa pareja fallecida. Algo que a muchos les habría sumido en una depresión e incluso en la falta de confianza en Dios. Pero este hombre, cada vez que le vamos a ver, esboza su sonrisa, está deseando nuestra visita. Y esta vez, con un obispo cercano y cariñoso, no dudó en sonreír a la vida con todas sus ganas. Gestos sencillos que hacen, que a pesar de todo, la alegría pueda volver a la vida de los que sufren, aunque sea por unos instantes. Hombre de fe y convicciones profundas este anciano presidente.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Ilusión



Cuando estamos a punto de clausurar este año, creo que debo hablar de la ilusión vivida en el día de ayer por la buena gente de aquí. Un contenedor llegaba al pueblo y era para la misión. No era para ellos directamente, pero saben que cuando algo llega para la misión, al final siempre les beneficia a ellos de una u otra manera. Al abrir el contenedor se formó el alborozo, sobre todo en los niños, había muchísimas bicicletas y ellos están deseosos de tener una. De hecho, dos monaguillos de Seeru, ya han reservado las suyas, pues les conté que venían y que si las necesitaban para ir al instituto, eran los primeros en tenerlas, pues hacen 5 kilómetros a pie, cuatro veces al día, con una fuerte subida y el calor que no nos abandona, para ir a clase.
 Pero la ilusión comenzó el año pasado, cuando un buen amigo me propuso enviar un contenedor con unos tractores, otro buen amigo se sumó y empezó a hacer campaña de recogida de bicis, muchos más amigos se sumaron para aportar distintas cosas y ayudar económicamente a poder hacer realidad este sueño. Por fin esa ilusión que tantos amigos de España han puesto para que se hiciese realidad, ha llegado a cumplirse.
 A mí me hace ilusión tener amigos en España como los que tengo y poder ver sonreír a esta gente con tan poca cosa, todos dispuestos echar una mano cuando hace falta. Que esta ilusión no nos falte el año que entra para todas las cosas que tengamos que realizar.

sábado, 22 de diciembre de 2018

¿Qué mundo construimos?

Hace poco nos han instalado en el pueblo la tecnología 4G, que es para comunicarse muy rápido con internet. Una noticia que en principio y sin más pensar debería alegrarnos. Todo avance está bien, ¿pero es eso lo que más necesitan los habitantes de Fo-Boure? No creo que eso sea la prioridad en este momento de esta población, aunque sea un objetivo del milenio que todo el mundo esté interconectado. Me da la sensación de que otros objetivos del milenio más básicos son infinitamente más prioritarios, pero no hay nadie detrás que gane dinero, sino todo lo contrario, quizá por eso no interesa. Seguimos sin cosas tan básicas como un médico, o una matrona en muchas ocasiones para atender los partos. Faltan medicamentos en la farmacia del dispensario con cierta frecuencia, e  incluso el enfermero. Los caminos siguen siendo impracticables, y sólo los arreglan un poco, y mal arreglo, para que los camiones puedan sacar el algodón del presidente. Los profesores y maestros siguen faltando con frecuencia. Los abusos están a la orden del día por parte de las distintas autoridades, y un largo etcétera que podríamos ir nombrando. Eso sí, harán campañas para que todo el mundo tenga un teléfono inteligente, aunque sea nigeriano y cueste mucho menos que en España, y la gente, sobre todo los jóvenes, gasten el dinero que no tienen para cosas básicas en tener whatsapp. ¿En qué dinámica estamos haciendo vivir a nuestro mundo? Pero la esperanza nunca se pierde, contra el poder y el dinero hay una buena noticia, que nos demuestra que eso no es lo que nos hace realmente felices. Rompiendo con las normas, hace más de dos mil años, Dios se hizo presente en la indigencia y la miseria de un pesebre, con la fragilidad de un niño pequeño, pero con todo la fuerza y poder que da al ser humano el verdadero amor. Desde aquí os deseamos una feliz Navidad.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Descubriendo, aprendiendo

En el camino entre Seeru y Bori
Ya estoy concluyendo mi octavo año en la misión, y este año he descubierto, una vez más, nuevos e interesantes lugares. Al principio de año viaje por el sur de Burkina y entre al norte de Togo, no estuvo mal. En julio fui a conocer Grand Popo y todas las cosas interesantes y bonitas que se pueden ver allí, fuimos en piragua, vimos manglares, el encuentro del río con el mar, y eso que no me habían hablado muy bien del sitio. Si no fuera porque estaba con paludismo, seguro que lo habría disfrutado todavía más. En octubre decidí tomar un camino cercano a la misión que nunca había recorrido, luego entendí porque nunca lo había recorrido, estaba desastroso, pero tenía rincones preciosos y vistas maravillosas. Al final, en la vida, hay que arriesgar y seguir las intuiciones, porque corremos el riesgo de no poder disfrutar de lugares únicos. Pero todo esto es anecdótico, pues lo importante es que sigo aprendiendo muchísimo de esta gente con la que convivo, lecciones de vida que espero no se me olviden. Aprendo de su cultura y de su manera de vivir. No es que todo lo hagan bien, ni mucho menos, pero conservan valores ancestrales que no deberíamos perder, y ellos sí tienen ganas de aprender y de conocer, sobre todo tienen ganas de Jesucristo.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Aporofobia

Parece ser que recientemente, el diccionario de la lengua ha admitido esta palabra como nueva. Pero por desgracia, esta palabra describe una situación tan vieja como el ser humano. Aporofobia significa odio al pobre, y eso es lo que nuestra sociedad sigue teniendo. Mucha gente reclama que el extranjero, sobre todo si es pobre, tiene que entrar de manera legal a nuestro país. Pues los tres campesinos que han intentado ir a España de vacaciones, invitados por los antiguos misioneros, tenían todos los papeles en regla y su visado correspondiente. Pero si es así ¿por qué han estado encerrados, como si fueran delincuentes, diez días en Bruselas hasta que han sido deportados? Tenían todos los papeles que les había exigido el gobierno español, sin embargo la policía belga de fronteras decidió que uno de los papeles tenía que estar legalizado de otra manera, o bien que cada uno tenía que llevar en el bolsillo mil quinientos euros. Al no tenerlos, les quitaron los móviles, para dejarlos incomunicados y les amenazaron con la prisión si no firmaban su deportación voluntaria. Supongo que el policía vio a tres paisanos que mirarían todo alucinados, que hablarían entre ellos baribá y que posiblemente llevaban una ropa que no era la más apropiada para alguien que se supone con recursos. Ha dado igual la intervención de mucha gente, incluida la embajada de España en Bruselas, para demostrar que estaban invitados veinte días y que volverían a sus casas. Al final les han deportado y al llegar a Cotonou acusado de tener un visado falso. Menos mal que aquí tenían algún conocido policía que les ha librado de la corrupción, pues les retuvieron para sacarles dinero. Han sido tratados como delincuentes, cuando sólo habían aceptado una invitación y puesto toda su ilusión por conocer la tierra de aquellos que han trabajado durante años en la suya. Algo estamos haciendo mal cuando estas cosas suceden.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Signos de esperanza

Una vez más hemos sufrido el ataque de la gente de la religión tradicional, aunque en realidad no es la religión tradicional baribá. Han secuestrado una mujer casada y que estaba embarazada. Casada por la Iglesia con un catequista. En el pueblo todo el mundo está enfadado, no sólo los católicos. Pero ellos, que no son muy buena gente, se niegan a soltarla y utilizan siempre el miedo. Dicen que si sale de la choza donde está encerrada recibiendo los espíritus (fetiches) que entonces morirá. Fuimos el otro día a hablar con la familia paterna de la mujer, que ha estado de acuerdo con el asunto, para que la liberaran. Allí había un joven musulmán, con barbas de esas que nos harían tener cierto respeto por las apariencias, que defendía la liberación de la mujer con ahínco. Cuando el viejo de la casa le dijo que quienes éramos los cristianos para decir nada sobre el asunto, que éramos los últimos en existir, el joven musulmán le dio una lección de historia y le dijo que existíamos seis siglos antes que el islam y que los curas éramos hombres de Dios. Me quede boquiabierto. Por desgracia, a pesar de haber llevado el caso a la policía, la cosa no ha acabado bien, pues el marido ha tenido miedo (envenenan a la gente antes de dejarlas salir con vida) y ha llegado a un acuerdo con esta gente. En medio de todo este dolor, aun se viven signos de esperanza y hay gente que busca vivir en paz y con respeto.