jueves, 3 de marzo de 2011

Kenosis, hacerse niños

Bio, ese gran maestro
 El martes de la semana pasada comencé en Bembereke mis clases oficiales, con método, de Battonum, es la primera lengua que tengo que aprender en este país. Me acoge la misión de Bembereke que depende de la diócesis de Oviedo y en la que se encuentra Alejandro, un misionero de sesenta años con espíritu joven y muy jovial. Empezar a cierta edad a estudiar se hace difícil, la memoria no es tan buena como en otros tiempos, uno se cansa antes y bajo este calor intenso se hace un poco agobiante las tres horas de clase matinales. Pero si hay algo importante aquí es aprender la lengua de la gente con la que vivimos y compartimos el día a día. Para ellos el que hables su lengua te hace uno más del pueblo, dejan de considerarte extranjero. Esto sólo se puede hacer desde el abajamiento, desde la kenosis. Dios decidió abajarse para hacerse uno de nosotros y poder compartir más de cerca con nosotros, se hizo niño y creció junto a nosotros y sufrió por nosotros. Sin querer compararme a Cristo, tengo claro que me toca hacerme como un niño, que me repitan todo muchas veces, que se rían conmigo porque lo hago y digo mal. También me toca sufrir la desesperación de ver que no avanzo, de ver que pasa el tiempo y no consigo hacerme entender ni entenderles a ellos. Habrá momentos donde piense que el esfuerzo no merece la pena, pero seguro que al final, el poder ver que me integro como uno más en la vida de esta buena gente, me hará esforzarme para seguir adelante con mi empeño. Dicen que para empezar a entender un poco hacen falta unos dos años. Para comenzar, la semana pasada tuve como primer profesor a Bio, un chico que no sabía su edad pero que pronunciaba divinamente por lo que me dijeron. Él, con mucha paciencia y jugando a contar baldosas, me enseñó a decir los números del uno al diez.

jueves, 24 de febrero de 2011

La puerta de la esperanza



 En 1861 llegan a la costa de Ouidah dos valientes misioneros, el padre Francisco Fernández es español. Se abre una puerta a la esperanza con la llegada de los misioneros del SMA. Cuando el rey de Abomey les quiere ofrecer unos sacrificios humanos, ellos le convencen que mejor los haga con animales y no con personas. Como podéis imaginar, también trabajan el tema de la dignidad humana y consiguen poco a poco ayudar a finalizar con el asunto de la esclavitud, cosa que tardaría unos años. Hace 150 años se abrio esa puerta para este pueblo de Benín, el anuncio de la buena noticia de Jesús de Nazaret siempre va acompañado de la restitución de la dignidad de todos los seres humanos. Ahora me encuentro yo en medio de esa historia, espero ser fiel a mi llamada y poder aportar mi granito de arena en medio de tanta pobreza global. De verdad que no conozco mejor fórmula que el Evangelio para poder hacerlo.






La puerta sin retorno

Puerta en recuerdo de los esclavos que salieron de estas playas
 En la preciosa playa de Ouidah encontramos una puerta con un arco. Se llama la puerta del no retorno. Los esclavos que llegaban aquí, pues había algunos que ya morían en el trayecto hasta la playa, subían a pequeñas embarcaciones para poder alcanzar los grandes barcos que les trasladaban hacinados hasta el nuevo mundo. Muchas veces los pequeños barcos se hundían y todos perecían.  En los grandes barcos las condiciones del viaje eran infrahumanas y también morían muchos de los esclavos. Se calcula que sólo llegaban vivos la mitad de los esclavos al continente americano.  El haber llegado a la playa y subir a los barcos significaba que nunca más volverían a ver su tierra. Me pregunto si tal como vivimos, no estaremos ante la puerta sin retorno de nuestras vidas. Hay ocasiones en las que si nos metemos en ciertas dinámicas de la vida, luego es casi imposible salir de ellas y volver a la senda que nos permita realizar nuestros sueños profundos. 

miércoles, 23 de febrero de 2011

Olvidar no es tan sencillo

Arbol del olvido en Ouidah
 Continuando con la venta de esclavos, en Ouidah podemos encontrar el árbol del olvido. En el viacrucis que hacían los esclavos desde la plaza donde los vendían, hasta la playa donde embarcaban, había a mitad de camino una plaza con un árbol que tenían que rodear los hombres nueve veces y las mujeres siete. Se suponía que con este rito se olvidaban de su pasado, de su identidad y de todo. De esta manera era más fácil manejarlos y que no diesen problemas. También les encerraban en pequeñas cuevas para que se desorientasen y otras mil perrerías. En la actualidad nos ofrecen un montón de cosas para que nos olvidemos de lo que es importante, es momento de preguntarnos si en realidad que nos manejen nos resulta tan gratificante, o si por el contrario preferimos no ser títeres de la economía. Espero que como aquellos esclavos, no olvidemos nuestras raíces y nuestra identidad como seres humanos y sepamos mantener siempre lo importante en nuestras vidas. Ellos se llevaron sus creencias hasta Salvador de Bahía y allí mantuvieron su identidad.

lunes, 21 de febrero de 2011

Cuando alguien carece de derechos

Cañón fuerte portugués de Ouidah

 La semana pasada estuve lejos de casa. Fui a Cotonou con Isidro del SMA y Julián delegado de misiones de Plasencia que volvía para España. El motivo de acompañarles fue que era un residente sin papeles y tenía que legalizar mi estancia en este país. Cuantas veces me he  preguntado cómo debían sentirse los extranjeros que se encuentran en nuestro país sin papeles. El problema es que estar sin papeles es estar sin derechos y eso es algo que ocurre históricamente a muchos seres humanos. El pasado domingo fuimos de visita turística a Ouidah, lugar histórico donde empezó el trato con los blancos del rey de Abomey. El rey de Abomey era alguien con mucho poder sobre su pueblo, de hecho para demostrar su poder mataba todo los años en una fiesta a cuarenta y uno de sus súbditos decapitándolos. Este poder fue utilizado por los portugueses para comprarle los esclavos que él ya tenía. Era un trueque, una botella de vidrio por tres mujeres y así podéis imaginar muchos más ejemplos. Uno de los objetos más costosos era un cañón, esto le costaba al rey siete hombres y quince mujeres. Me pregunto en la actualidad si nosotros con nuestro estilo de sociedad no estaremos comerciando con la vida de muchos seres humanos, pues las consecuencias del comercio internacional se cobran muchas vidas.

jueves, 10 de febrero de 2011

Algo inusual

 El pasado jueves, hoy hace una semana, ocurrió algo inusual para esta época. Después de la exposición del Santísimo, y habiendo hecho sólo dos clases de pronunciación de la misa en Battonum, Juan Pablo me dijo que presidiera la misa en Fô Bouré. Así que ahí me teníais haciendo mis mejores esfuerzos para que todos pudieran seguirla bien. Dios que es bueno y sabio decidió que cayera en ese momento una tromba de agua espectacular. El ruido de la tormenta sobre el tejado que es de chapa era ensordecedor. Continuamos la misa pero yo era incapaz de escuchar ni lo que decía. Por lo que nos dijeron Juan Pablo y Luis Ángel es algo muy inusual que en febrero llueva. La fuerza de la tormenta debe ser más usual en tiempo de lluvia que empieza en mayo. La verdad es que fue de agradecer pues hacía demasiado calor y era demasiado pronto. El viernes presidí la eucaristía en la comunidad de las monjas de Sinende y fue en francés, me atreví a predicar. La gente es encantadora y me da ánimos a pesar de mis fallos. Esta semana estoy presidiendo eucaristías, catequesis, hoy voy a presidir una celebración de etapas y haré la exposición del Santísimo y la eucaristía solo, espero que Dios me siga ayudando y ahora ya no le pido lluvia. Aquí podéis ver parte del retablo de la comunidad de Sinende.

martes, 8 de febrero de 2011

Comienza la escuela

 Con un poco de retraso respecto al calendario escolar español, he vuelto a comenzar las clases. Phillipe es un chaval de 22 años, que da repaso por las tardes a las alumnas de la casa de las monjas, viene todas las mañanas de lunes a sábado y está conmigo entre dos horas y dos horas y media. Lo que hacemos es leer la misa en francés y en Battonum. La idea es que me enseñe a pronunciar bien en los dos idiomas y así poder celebrar yo solo la eucaristía. Las clases las comenzamos el miércoles de la semana pasada. Ya estamos dando algo de gramática del Battonum que es la lengua de los Bariba, el fulfulde que es la lengua de los peel y los gando lo dejaremos para más adelante, aunque ya se saludar también en esa lengua. Algo que necesito es poder comunicarme, por como soy yo y porque para poder transmitir la Palabra de Dios y el anuncio de la Buena Noticia es necesario. Pero no conozco mejor lenguaje para eso que el del Amor, así que me dedico a sonreír, jugar con los niños y ser cercano en mi forma de expresarme con el lenguaje no verbal.