miércoles, 25 de febrero de 2026

Perdida y hallada en el santuario

 

El pasado fin de semana tuvimos la peregrinación diocesana de los niños. Este año tuvimos tres mil cien niños inscritos más los que no se inscriben. Cada año más niños lo cual es una mezcla de gozo, locura y preocupación. Lo normal es que cada año tengamos un montón de problemas, enfermos, heridas, etc. Pero debo decir que para la cantidad de niños que tenemos es un milagro no tener demasiados casos complicados. Cuando al final de la peregrinación, los distintos pueblos y parroquias estaban cargando en los camiones a sus niños para volver a casa, la comisión diocesana nos reunimos para hacer balance del fin de semana, analizar lo que había estado bien y lo que había que mejorar. En ese momento se acerca el responsable de mi parroquia para decirme que han perdido una niña de cinco años. ¿Cómo es posible? Pues lo raro es que no perdamos cien o doscientos, pero gracias a Dios no ocurre. Les decimos que se pongan a buscar bien y pregunten en los otros camiones. De hecho, les digo que busquen en la parroquia de N´Dali, pues tienen un pueblo que se llama Teme, igual que la parroquia de Bouanri que tiene un pueblo con el mismo nombre. Seguimos la reunión, no sin decirles que nos tengan informados. Como veo que pasa tiempo y no informan, entiendo que la han encontrado, nada más lejos de la realidad. Se han subido a su camión y se han ido a su parroquia sin la niña, y sin decir nada. Cuando yo estaba haciendo visitas para agradecer a las religiosas que han dado de comer a tanta gente, me llaman del santuario para decirme, que el catequista del Teme de la otra parroquia ha traído a la niña al santuario. Supongo que como José y María debía estar preocupado hasta el extremo, pero la verdad es que al ver como aquí se toman estas cosas con tanta calma, supongo que en algo me he contagiado, aunque no totalmente, gracias a Dios.

sábado, 31 de enero de 2026

Chatarreos, una nueva forma de esclavitud


 Por aquí deambulan tirando de unos carros hechos de chapa unos chavales que hacen a lo largo del día muchísimos kilómetros a pie. Se desplazan por diferentes pueblos. ¿Qué buscan? Hierros, aluminio y todo lo que pueda servir como chatarra. A cambio de lo que les das, según negocies, puedes encontrar un cubo de plástico, un simple bol, o un caramelo si es un niño el que les da las cosas. ¿Y qué ganan ellos? Pues poca cosa. Es una de esas nuevas formas de esclavitud que siguen existiendo en nuestro mundo. No hay ningún chaval beninés que ejerza este oficio, por muy pobres que sean. Son todo chavales que vienen de Niger, viven en condiciones infrahumanas, mal comen y después de mucho tiempo haciendo ese trabajo para su jefe beninés, les prometen ayudarles con el inicio de un pequeño negocio en su tierra, algo miserable, no vayáis a pensar en una gran tienda. No entienden el idioma de aquí, ni el francés, es complicado entenderse con ellos. Pero el lenguaje de signos es universal. Lo que sorprende, es que a pesar de la dureza de vida que supone, ellos sigan viniendo a hacerlo año tras año, lo cual me lleva a pensar en el nivel de angustia o miseria que deben vivir en sus casas para tenerse que ver abocados a esto.